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Directrices para una Planificación y un Manejo Integrados de las Areas Costeras y Marinas en la Región del Gran Caribe | |
| Informe Técnico del PEC No. 42 1996 | Informes Técnicos |
LA NECESIDAD Y EL CONCEPTO DE MIAC
2.1 Problemas comunes de las áreas costeras del Gran Caribe
La Región del Gran Caribe cubre un área de 35 Estados y Territorios que delimitan dos cuencas conectadas entre sí: el Golfo de México y el Mar Caribe. Incluye países continentales, naciones insulares y territorios dependientes, así como una amplia variedad de sistemas políticos, económicos, sociales y de recursos naturales. Culturalmente, la región esta abundantemente dotada. Sus habitantes provienen de los cinco continentes, por lo que conforman una mezcla vibrante de razas, religiones, costumbres y grupos étnicos. Por una parte, el Gran Caribe es una región de recursos limitados y grandes disparidades económicas; por la otra, es un área con una enorme energía y una riqueza de diversidad cultural.
Los 80 millones de habitantes que viven en las islas y en los litorales de los países continentales de la región, así como los cerca de 20 millones de turistas que cada año visitan la región, dependen de un medio marino saludable. Las principales industrias de base marina (Tabla 1) -- como pesquerías, transporte marítimo (del que depende la agricultura), extracción de petróleo y de gas, y en épocas más recientes, el turismo -- han desempeñado un papel importante en el desarrollo de la Región del Gran Caribe.
Cual un enorme ecosistema, el Gran Caribe sufre una grave amenaza. Sus subsistemas marinos costeros -- como los arrecifes de coral, los lechos de pastos marinos, los estuarios y las comunidades de manglares -- ahora se encuentran amenazados por poblaciones crecientes, prácticas de desarrollo insostenibles, una insuficiente vigilancia administrativa y una comprensión y una valorización limitadas de la importancia de su papel por parte del público en general. Empero, son estos mismos ecosistemas los que forman la base de la productividad, la alta biodiversidad y gran parte del abastecimiento de alimentos de la región. También son una defensa contra desastres naturales como los huracanes, brindan estabilidad a las costas y son esenciales para los sectores económicos clave como el turismo.
Para el Caribe insular, la productividad depende en gran medida de sus hábitats marinos costeros vulnerables. La mayor parte de las especies comercialmente aprovechables de peces y mariscos depende de los manglares, los pastos marinos y los arrecifes de coral en las etapas sobresalientes de sus ciclos de vida. Además, debido a los patrones de circulación en este mar semicerrado, casi todas las poblaciones de peces parecen estar vinculadas a nivel de todo el Caribe.
Existe, como es obvio, una mayor productividad cerca de las costas septentrionales de América del Sur debido a los mayores niveles de nutrientes provenientes de ríos, estuarios y manantiales submarinos. Sin embargo, la alta productividad de estos ecosistemas marinos costeros también está amenazada por la falta de un marco adecuado de manejo y cumplimiento de las políticas en el cual manejar los recursos para lograr un desarrollo ecológico sostenible. La pérdida de hábitats y la degradación ambiental son las principales amenazas para la productividad marina de la región.
Tabla 1. ACTIVIDAD COSTERA en el Gran Caribe (estados escogidos)
Longitud de las costas (km.) |
Area
Marítima |
Población urbana en grandes ciudades de la costa (en miles)
1980 2000 |
Volumen anual promedio
de bienes cargados y descargados 1988-l 990 (miles de ton. métricas) |
Producción anual de
Reservas petróleo probadas de petróleo y gas |
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| Plataforma
Zona hasta 200m Económica de profun- Exclusiva didad |
Petróleo |
Petróleo
Gas 1992 1992 |
Petróleo (millones de toneladas
métricas) 1992 |
|||||||||||||||
CARIBE |
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| Antigua/ Barbuda Bahamas Barbados Islas Caimán Cuba Dominica República Granada Guadalupe Haití Jamaica Martinica Trinidad & Tabago |
153 3542 97 160 3735 148 1288 121 306 1771 1022 290 362 |
x 85.7 0.3 x x x 18.2 x x 10.6 40.1 2.4 29.2 |
x 759.2 167.3 x 362.8 20.0 268.8 27.0 x 160.5 297.6 x 76.8 |
x x 100 x 6628 x 2787 x 142 1216 1016 217 623 |
x x 146 x 8942 x 5797 x 196 2845 1689 279 1110 |
0 10524 107b 1357 5850b x 1630b x x x 1210b 231 6518 |
61b 3702 51b 36b 3821 5b 785b 22b 370b 11b 1203 282 2670 |
83 3222 573 117 14244 93 4358 71 1221 838 10122 876 5638 |
0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 6922 |
0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 5799 |
0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 78 |
|||||||
AMERICA CENTRAL |
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| Belice Costa Rica Guatemala Honduras México Nicaragua Panamá |
386 1290 400 820 9330 910 2490 |
x 15.8 12.3 53.5 442.1 72.7 57.3 |
x 258.9 99.1 200.9 2851.2 159.8 306.5 |
x 1050 780 583 6529 1166 989 |
x 2258 932 1923 9501 2837 1749 |
0 464b 683 397b 71817a 495b 1192b |
106b 336b 204 204 7377 183b 441 |
306 2662 4232 1849 19833 1280 1939 |
0 0 0 0 85658 0 0 |
0 0 0 0 11370 0 0 |
0 0 0 0 5712 0 192.7 |
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AMERICA DEL SUR |
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| Colombia Guayana Francesa Guyana Surinam Venezuela |
2414 378 459 386 2800 |
67.9 x 50.1 x 88.1 |
603.2 x 130.3 101.2 363.8 |
2926 x 213 140 5158 |
3926
425 216 9324 |
9442
x x 58367a |
6901 137b 474b 615b 23564 |
15231 273 1919 6185 26768 |
0 0 0 0 42728 |
0 0 0 0 5375 |
10 0 0 0 966 |
|||||||
El verdadero reto está en perfeccionar un apoyo coordinado para planificar, monitorear, manejar y restaurar los ecosistemas marinos costeros en la Región del Gran Caribe. Un manejo regional coordinado es esencial porque los esfuerzos individuales de los países por mejorar sus condiciones ambientales no podrán tener éxito si las demás naciones continúan sobreexplotando y contaminando los ecosistemas compartidos. En este contexto, el Programa Ambiental del Caribe es un excelente marco para los esfuerzos generales, integrados y coordinados, tendientes al manejo y el desarrollo de los recursos naturales marinos y costeros.
2.2 Instrumentos jurídicos regionales y mundiales
Conforme la creciente contaminación de las áreas marinas y costeras de la Región del Gran Caribe se ha venido haciendo más evidente, se han implantado instrumentos legales tendientes a reducir, eliminar y controlar la degradación costera en la región.
El instrumento jurídico preponderante del Programa Ambiental del Caribe es el Convenio de Cartagena (Convenio para la Protección y el Desarrollo del Medio Marino en la Región del Gran Caribe) el cual fue adoptado en 1983 entrando en vigor en 1986. Al amparo del Convenio, las partes contratantes acordaron prevenir, reducir y controlar la contaminación proveniente de barcos, fuentes terrestres, fuentes aéreas y actividades en el lecho marino. El Convenio también compromete a sus partes a conservar ecosistemas únicos y frágiles, y hábitats de especies amenazadas. El Convenio de Cartagena provee el marco para el desarrollo de un número de protocolos específicos.
EL Protocolo (del Convenio de Cartagena) Relativo a la Cooperación en el Combate a los Derrames de Hidrocarburos también se adoptó en 1983. De conformidad con este Protocolo, los países del Caribe Oriental han colaborado, con la ayuda de la Organización Marítima Internacional (OMI), en la preparación de un plan de contingencia para derrames de hidrocarburos en caso de que llegara a ocurrir un derrame de petróleo. El plan establece la política y estipula la responsabilidad de los países participantes en las operaciones de respuesta, las solicitudes de ayuda, la cooperación mutua y el empleo de dispersantes.
El marco para la acción regional coordinada sobre áreas protegidas y biodiversidad lo brinda el Protocolo Relativo a las Áreas y la Flora y Fauna Silvestres Especialmente Protegidas (SPAW) del Convenio de Cartagena, que fuera firmado en Jamaica en 1990 (véase también la Sección 4.2.3). Esta concebido para crear una red de parques nacionales y áreas protegidas (inclusive parques y áreas protegidas costeras y marinas) en la Región del Gran Caribe y proporcionar mecanismos para fomentar y apoyar su establecimiento y gestión. El Protocolo SPAW estipula el requisito de que se establezcan directrices y criterios para:
El Convenio de Cartagena también estipula el desarrollo de un tercer protocolo sobre fuentes terrestres de contaminación marina para la Región del Gran Caribe. En el marco del Plan de Acción del PAC, ese protocolo (Protocolo Relativo a las Fuentes Terrestres de Contaminación Marina) se encuentra en vías de preparación.
A nivel mundial, existen varios convenios y tratados que abarcan a la Región del Gran Caribe. El Convenio de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar fue formulado por la comunidad internacional a lo largo de un periodo de 13 años, en lo que fuera la conferencia internacional más larga, numerosa y compleja de la historia. El UNCLOSS III culminó con la adopción del Convenio (Montego Bay, 1982). Este Convenio contiene nueve Anexos técnicos que cubren todos los aspectos relacionados con el manejo y la conservación del mar. Como tal, se complementa con una serie de acuerdos internacionales. El 16 de noviembre de 1994 entró en vigor el Convenio sobre Derecho del Mar.
El Convenio Internacional para la Prevención de la Contaminación por Barcos (MARPOL 73/78) y sus cinco anexos que cubren las diversas fuentes de contaminación generada por los barcos están concebidos para cuidar el medio marino de todo el mundo mediante la prevención y la reducción de la contaminación por los barcos. En sus orígenes, este convenio internacional fue adoptado en 1973 por la Conferencia Internacional sobre Contaminación Marina y modificado posteriormente mediante un Protocolo en 1978. Los reglamentos relacionados con los diversos tipos de contaminación generada por los barcos están contenidos en los cinco Anexos del Protocolo.
En 1993, la Región del Gran Caribe fue calificada como "área especial" al amparo del Anexo V de MARPOL. Debido a esa designación, en la Región del Gran Caribe deberán aplicarse reglas muy estrictas relacionadas con el control del vertimiento de desechos por los barcos.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (UNCED) (Río de Janeiro, 1992) fue un marco internacional que permitió analizar los retos sociales, económicos y ambientales críticos e inherentes a la búsqueda de un desarrollo sostenible. La Agenda 21 resultante de la "Cumbre de la Tierra" -- nombre con el que también se conoce esta Conferencia -- examina la conservación y el manejo de los recursos y, en particular, su Capítulo 17 analiza la Protección de los Océanos, Mares y Áreas Costeras, incluidos sus recursos vivientes. Como resultado de la UNCED, muchos países de la Región del Gran Caribe firmaron los convenios mundiales sobre el cambio climático, la capa de ozono y la biodiversidad.
2.3 El sistema costero
La "zona" costera, ahí donde la tierra se encuentra con el mar, comprende varias clases de sistemas, incluso sistemas socioeconómicos y sistemas naturales (como estuarios, cuencas, lagunas costeras, arrecifes coralinos y áreas oceánicas hasta las 200 millas náuticas). Cada uno de estos sistemas posee propiedades distintivas que, en conjunto, constituyen las características típicas del área costera, objeto del manejo.
El Manejo Integrado de la Zona Costera (MIZC) implica el manejo ininterrumpido del uso de las tierras y las aguas costeras y de sus recursos dentro de cierta área designada, cuyos límites por lo general están determinados por leyes o por una orden del ejecutivo. En tierra, el área incluida en la unidad de manejo puede comprender la costa y cierta extensión tierra adentro hasta determinado límite, como el de la frontera de la jurisdicción gubernamental (p.ej,, un estado o un municipio o toda una cuenta). Hacia el mar, el área designada puede ir desde el borde del mar a marea baja hasta, ya sea el borde de la plataforma continental, las 200 millas náuticas, o el límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE). En consecuencia, una zona costera -- el área del manejo integrado -- es "... la franja de tierra seca y el espacio del océano adyacente (agua y tierras sumergidas) donde los procesos terrestres y los usos de la tierra afectan directamente a los procesos y usos oceánicos, y viceversa" (Ketchum, 1972). La Figura 2 muestra el corte de una zona costera, con las opciones para los límites hacia el mar y hacia tierra.
2.31. Recursos costeros
Los recursos costeros pueden considerarse como artículos básicos para la producción de los bienes y servicios que hacen de los litorales un lugar popular y dinámico. Incluyen componentes naturales, humanos v artificiales:
Elementos físicos/geomórficos. Formados principalmente por tierra firme, playas, puntas, islas costeras, penínsulas, tómbolas y arrecifes.
Sistemas naturales. Una zona costera contiene una serie de unidades fisiográficas o ecosistemas con propiedades y procesos biofísicos particulares, inclusive flora, fauna y recursos no renovables. Estas unidades pueden clasificarse de varias formas, pero la designación de un área costera para efectos de su manejo en gran medida se ha determinado y se sigue determinando con base en factores políticos, p.ej., límites administrativos. No obstante, en la actualidad se están revaluando los límites de los ecosistemas como algo esencial para un manejo que resulte sustentable.
Recursos humanos. Las personas que viven y/o trabajan en las áreas costeras pueden participar en la producción de bienes y servicios (como la explotación de petróleo y gas, la pesca y la agricultura) de esa área específica, la construcción de instalaciones de turismo y recreo, la protección de las áreas por debajo del nivel del mar o la conservación de lugares escénicos. Las habilidades técnicas humanas, los antecedentes culturales, el nivel de organización, etc., son elementos importantes de la forma en que los recursos naturales se hacen accesibles y se emplean en la producción de bienes y servicios.
Recursos construidos. Las estructuras hechas por el hombre cambian la accesibilidad de los recursos, la distribución espacial y temporal de estos, así como la calidad de los recursos naturales disponibles. Por ejemplo, los caminos incrementan la accesibilidad; las plantas de tratamiento mejoran la calidad del agua disponible; las presas en un río alteran la distribución de los caudales de agua en el tiempo; las defensas marítimas crean y protegen áreas urbanizables; y el fomento de las playas crea instalaciones recreativas y turísticas. Las estructuras hechas por el hombre también incluyen áreas urbanizadas con estructuras para vivienda y actividades económicas, así como infraestructura social y comercial. Muchas de esas estructuras a menudo limitan el acceso a los recursos costeros y son una amenaza para esos recursos.
Recursos culturales/patrimoniales/arqueológicos. Los lugares y los parajes con cualidades culturales, históricas o estéticas particulares otorgan un carácter especial al litoral y determinan si éste es atractivo para el turismo y el esparcimiento o para el desarrollo urbano. Los sitios arqueológicos sumergidos tienen un valor como recurso, tanto desde el punto de vista cultural como turístico.
Sistema de la cuenca oceánica. Incluye las corrientes, el oleaje, las pesquerías, los tsunamis y las mareas, entre otros factores.
Sistema atmosférico. Incluye los huracanes y demás tormentas estacionales, el clima y el aire limpio.
Sistemas panorámicos. Conjuntos costeros escénicos de elementos tomados de todos los anteriores.
Sistemas recreativos. Conjuntos de los sistemas anteriores que contribuyen al bienestar mental y físico de los residentes y de los visitantes.
Los recursos costeros a menudo son recursos de propiedad común con acceso abierto (libre) para todos los usuarios. El libre acceso a menudo da lugar al abuso y a la degradación o el agotamiento de los recursos; esta es la "tragedia de los bienes comunales". Por ejemplo, el uso de los litorales como basureros de los "desechos" de las actividades de la sociedad puede superar la capacidad de asimilación del medio costero, lo que da lugar a la degradación de la calidad del agua y/o de los hábitats. Por lo general, es necesaria una intervención de manejo para mantener y lograr los niveles deseados de máximo beneficio sostenido, así como los niveles deseables de calidad de los recursos costeros.
Los sistemas de recursos costeros son valiosos bienes naturales que deben cuidarse para las generaciones actuales y futuras. Las zonas costeras ofrecen oportunidades físicas y biológicas para uso humano y sus administradores deben tratar de encontrar el equilibrio óptimo entre esos usos con base en un conjunto predeterminado de objetivos. Existe una creciente preocupación sobre todo por la destrucción de los ecosistemas costeros naturales por las demandas que sobre ellos ejercen la población y el crecimiento económico. Estos ecosistemas naturales poseen un enorme valor para un uso extractivo y no extractivo sostenible que a menudo se subvalúa en comparación con otros usos a menudo no sostenibles.
Por naturaleza, el sistema costero mantiene un equilibrio ecológico que se refleja en la estabilidad del litoral, la recuperación de las playas, la generación de nutrientes y el reciclaje, todo ello de gran importancia ecológica y socioeconómica. Estos sistemas naturales están bajo la creciente amenaza de actividades humanas descontroladas como la contaminación, la destrucción de los hábitats y la explotación excesiva de los recursos.
En las áreas rurales costeras, la pesca en las aguas próximas y el cultivo de las tierras bajas costeras son las principales actividades económicas que aportan pescado y productos agrícolas para la subsistencia de los habitantes y los centros urbanos. Las actividades que agregan valor a los recursos costeros incluyen el esparcimiento y el turismo, que se han convertido en fuentes primordiales de ingresos en moneda local y en divisas extranjeras para muchas naciones costeras.
Por naturaleza, el valor económico intrínseco de los recursos costeros representa una "inversión" de capital para la humanidad. Los bienes y los servicios que de ellos se derivan son los "intereses" generados por esa inversión. Por ello, la destrucción de la base de recursos equivale a una reducción del "capital" y, por ende, a una baja de los intereses y finalmente al agotamiento de aquello que la naturaleza nos proporcionó de manera gratuita.
Por tradición, el manejo de los recursos costeros implica la solución de los problemas a corto y largo plazo por igual. Los problemas a largo plazo incluyen: posibles cambios climáticos como la elevación del nivel del mar y la modificación de los patrones hidrológicos, la acumulación de contaminantes y sus efectos sobre las especies, y el creciente desarrollo de los litorales y del interior con la consecuente modificación de la cantidad, la calidad y los patrones temporales de los aportes a las aguas costeras. Los problemas a corto plazo incluyen: daños debidos a las tormentas, impacto de los trabajos de dragado y sobre explotación de los bancos de peces, arena de las playas, arrecifes de coral o de los manglares. Su manejo resulta esencial para prevenir, o cuando menos mitigar, los efectos adversos de esas presiones.
Las áreas costeras son ricas en recursos naturales que a menudo se pierden debido a esfuerzos contraproducentes que pretenden proteger el desarrollo en áreas sometidas a las tormentas costeras. Las playas, las dunas y los humedales son destruidos tanto por la construcción de proyectos públicos y privados mal planeados y ubicados, como por la subsecuente construcción de obras de protección como rompeolas para defender esos proyectos contra la erosión de la costa y las marejadas. La construcción en esas áreas de alto riesgo interfiere con los procesos geológicos y ecológicos que conservan los sistemas costeros naturales de protección y reproducción. Los humedales de los estuarios a menudo son dañados por las actividades de dragado y relleno. Los diques y los rompeolas pueden brindar protección localizada pero también provocan la pérdida de playas y dunas debido a una mayor erosión por la acción del oleaje y la interferencia con los patrones normales del traslado de la arena por las corrientes marinas.
Los programas de manejo de los litorales pueden prevenir la pérdida de recursos naturales mediante la debida reglamentación de los desarrollos, su monitoreo y su debido cumplimiento. Con la combinación de medidas preventivas como las que impiden la construcción a la orilla del mar al prohibir el reforzamiento de la costa, los gobiernos pueden proteger los sistemas de recursos naturales necesarios para conservar las playas, así como para salvaguardar el futuro desarrollo de las costas y su infraestructura (ver el Cuadro 1).
2.3.2 Aspectos del manejo de los ecosistemas costeros
1) Procesos ecológicos clave
Todo programa de manejo de los ecosistemas debe cuidar y proteger los procesos ecológicos importantes, es decir, los factores subyacentes que explican los altos niveles de producción de los mares costeros, como:
Cuadro 1. CRISIS COSTERAS |
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TEMAS Y PROBLEMAS
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ACCIONES EFECTIVAS
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2) Límites de la planificación de los ecosistemas
La complejidad de los sistemas bióticos y la reciprocidad de sus componentes obligan a tratar cada ecosistema como un sistema completo. Ni un manejo poco sistemático ni un tratamiento individual de sus componentes o de sus especies logrará un éxito pleno. Asimismo, deben tenerse en cuenta las principales fuentes externas de influencia sobre los sistemas costeros -- cuencas hidrográficas detierras cercanas a la costa, áreas contiguas al mar y aguas costa afuera -- todas ellas vinculadas al sistema costero. Por lo tanto, el ecosistema en cuestión debe abarcar una unidad completa e integrada, una que incluya una o varias cuencas hidrográficas costeras y las tierras adyacentes a la costa hasta donde tengan una influencia significativa sobre las aguas costeras.
3) Interacciones entre la tierra y el mar
Una cualidad importante del manejo integrado de la zona costera es que estudia la tierra y el mar en forma conjunta. Sin un manejo coordinado, los vínculos entre la tierra y el mar impedirán que se logre un desarrollo sostenible de los recursos marinos/costeros.
Resulta esencial que el manejo de las costas reconozca qué tanto las actividades en tierra afectan la condición del mar. El mar se ve afectado por acontecimientos lejanos que ocurren tierra adentro --vertimientos en ríos, deforestación, cultivo de la tierra -- y pueden dañar los ecosistemas costeros.
A la inversa, el mar tiene enormes efectos sobre la tierra y la franja entre plenamar y bajamar como, por ejemplo, la contaminación por las lavazas de los petroleros o la destrucción de propiedades por inundaciones debidas a las tormentas huracanadas y a la acción de las marejadas. Las "defensas naturales" de contención del borde del mar -- playas, manglares y arrecifes coralinos -- pueden llegar a ser de suma importancia para proteger la línea costera y las poblaciones costeras contra las marejadas y la erosión.
2.3.3 ¿Qué es el manejo integrado de la zona costera? (MIZC)
El manejo costero es un proceso de planificación especial dirigido hacia un área compleja y dinámica que se enfoca en la interfase mar-tierra y que considera los siguientes aspectos:
algunos conceptos fijos y flexibles, que lo demarcan,
una ética de conservación de los ecosistemas,
metas socioeconómicas,
un estilo de manejo activo participatorio y de solución de problemas, y
una base científica fuerte.
Como tal, el manejo de la zona costera provoca ideas de lo más diversas entre las personas. Para quienes poseen una mentalidad conservacionista, ese concepto representa una panacea para todo exceso del sector privado o de las dependencias gubernamentales, o es la solución para todo problema relacionado con la costa que aún no esté resuelto. Otros temen que ese "manejo" no sea más que una injerencia más del gobierno en los "derechos de los individuos", o la imposición de un "papeleo" adicional y de más retrasos burocráticos. A menudo se le interpreta como "determinismo ambiental", es decir, la imposición de valores ambientales naturales sobre todos los demás.
Muchos de los programas iniciales costeros reflejaron el error antecedente del sistema existente de planificación nacional y/o local del desarrollo para responder a los efectos adversos obvios de hacinamiento, progreso tecnológico, crecimiento urbano, privatización y prácticas de eliminación de los desechos que estaban cambiando las áreas costeras. En la mente del público existía la necesidad de que se contestara la pregunta de política pública, sobre "quién se preocupa por la costa". Las respuestas no eran alentadoras, y por lo general daban lugar al desarrollo de programas para una primera etapa que no pasaban de ser modestos, de propósitos limitados y con un temario limitado. En una fase subsecuente, las preocupaciones de las comunidades influyeron en el proceso de manejo de las costas para que se ampliara e incluyera los siguientes elementos:
planificación de las áreas especiales (p.ej., solución de los problemas de los puertos, las áreas industriales, los desagües al océano, la ubicación de la energía, los enclaves de turismo);
planificación de los sistemas (p.ej., de los estuarios, los arrecifes coralinos) y
planificación de las áreas marinas (p.ej., reservas de pesca, parques marinos, evaluaciones de la Zona Económica Exclusiva (ZEE).
Normalmente, los ministerios, los departamentos y/o las dependencias particulares del gobierno son responsables de determinados recursos o aplicaciones de éstos. No obstante, en algunos países gran parte de la zona costera es de propiedad privada y los intentos del gobierno por dictaminar el manejo de las tierras privadas pueden convertirse en una fuente de conflictos. En esas condiciones, la planificación de las áreas costeras ha sido puesta a prueba severamente y en ciertos casos incluso ha tenido que enfrentar la pérdida del apoyo público.
De hecho, un manejo racional de las áreas costeras no debe llegar a tales extremos. Un programa exitoso debe basarse en un proceso de planificación completo e integrado tendiente a armonizar los valores culturales, económicos y ambientales, y a equilibrar la protección ambiental y el desarrollo económico con un mínimo de reglamentos. El manejo sin un proceso apropiado de planificación tiende a ser incompleto y desintegrado, a ser más bien una actividad sectorial (y a menudo ad hoc).
Un manejo racional de la zona costera promueve un diálogo que conjunta los conocimientos tanto de expertos como del público con el propósito de formular un programa de manejo técnicamente sensato y claramente enunciado que cuente con el apoyo más amplio posible para lograr su aprobación y pueda aplicarse con toda efectividad. Las metas y los objetivos siguientes ayudan a entender qué es el manejo de las zonas costeras.
- vigilar el impacto de las actividades humanas con miras a conservar y, hasta donde sea posible, mejorar el medio costero;
- manejar la explotación de los recursos renovables para alcanzar un rendimiento óptimo sostenible;
- manejar los recursos no renovables a la luz de las necesidades y los intereses a largo plazo.
2. Promueve el uso y el disfrute público de la
línea de playa así como el aprovechamiento de las tierras sumergidas en
tanto cumplan la doctrina de
la confianza del público al:
- garantizar que se protejan los usos tradicionales,
- garantizar que las diversas oportunidades recreativas se conserven disponibles, asequibles y razonablemente convenientes, y
- proteger y mejorar la calidad de los escenarios naturales para beneficio de los residentes y los turistas por igual.
Prefacio | Capítulo 1 | Capítulo 2 | Capítulo 3 | Capítulo 4 | Capítulo 5 | Capítulo 6 | Referencias | Anexo I | Anexo II
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