![]() |
Plan de Manejo Regional para el Manatí Antillano, Trichechus manatus | |
| Informe Técnico del PAC No. 35 1995 | Todos los Informes Técnicos del PAC |
Nota: Las denominacioines empleadas en este documento y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene, no implican, de parte del PNUMA juicio alguno sobre la condición jurídica de Estados, Territorios, ciudades o regiones, ni de sus autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras o límites territoriales.
Para efectos bibliográficos este documento debe ser citado como:
PNUMA: Plan de Manejo Regional para el Manatí Antillano, Trichechus manatus. Informe Técnico del PAC No. 35. Programa Ambiental del Caribe del PNUMA, Kingston, Jamaica, 1995.TABLA DE CONTENIDO
PREFACIO Y OBJETIVOS DEL DOCUMENTO
RESUMEN
I. INTRODUCCION
A. Análisis de la taxonomía y biología general
B. Estado general en la región
C. Importancia ecológica
II. ESTADO NACIONAL
III. ACTIVIDADES RECOMENDADAS A CORTO Y LARGO PLAZO
A. Medidas prioritarias
B. Medidas de conservación a largo plazo
C. Sugerencia de acciones específicas por país
D. Recaudación de fondos
IV. REFERENCIAS
APENDICE I - Lista de Contribuyentes
APENDICE II - Instituciones que participan en la investigación/conservación del manatí
APENDICE III - Directorio de Especialistas del caribe sobre el manatí
TABLA I - Estado legal
PREFACIO Y OBJETIVOS
El Protocolo Relativo a las Areas y Flora y Fauna Silvestres Especialmente Protegidas (SPAW), adoptado por los Gobiernos de la Región del Gran Caribe durante la Conferencia de Plenipotenciarios en Kingston, Jamaica, del 15 al 18 de enero de 1990, comprende la formulación e implementación del Programa Regional para SPAW, bajo el marco de trabajo del Programa Ambiental del Caribe (PAC). En 1991, los Gobiernos adoptaron los Anexos al Protocolo de SPAW, que contienen las listas de especies de flora y fauna de interés regional que requieren protección bajo el Protocolo.
La preparación del presente documento se ajusta a las disposiciones de los Artículos 11 y 21 del Protocolo de SPAW, el que insta al establecimiento, publicación gestión y recuperación de especies en peligro de extinción o amenazadas de interés regional, en forma de planes de manejo regionales. Los Gobiernos de la región han identificado el manatí antillano, Trichechus manatus como una de las especies de interés regional cuya protección requiere prioridad. En consecuencia, ellos han solicitado la formulación de este plan de manejo, el cual fue preparado por la Unidad de Coordinación Regional (UCR) del PAC del Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA), con la cooperación de la Autoridad para la Conservación de Recursos Naturales (NRCA) del Gobierno de Jamaica.
El Comité Asesor Científico y Técnico Interino (ISTAC) del Protocolo de SPAW, se ha reunido dos veces desde la adopción del Protocolo para proporcionar guía a la formulación e implementación del plan de trabajo y presupuesto del Programa Regional de SPAW, incluyendo la identificación de actividades de conservación para especies prioritarias. La Primera Reunión de ISTAC fue celebrada del 4 al 8 de mayo de 1992 en Kingston, Jamaica, y una Segunda Reunión se celebró del 3 al 5 de mayo de 1993 en la Guayana Francesa.
Los países donde habita el manatí se encuentran a varios niveles de conocimiento acerca del estado y distribución de sus poblaciones de manatíes, al igual que en diferentes etapas con respecto a la conservación. A pesar del reciente interés que los biólogos del Gran Caribe han mostrado por los manatíes en los últimos años, los avances han sido muy lentos debido al reducido nivel de fondos y el hecho que una red regional coordinada no ha sido establecida aún para poder compartir información. Antes de desarrollar medidas de gestión detalladas para cada país, es necesario evaluar el estado actual del manatí, identificar areas prioritarias donde la acción deberá ser iniciada rápidamente y desarrollar y activar una red de trabajo técnica regional.
El objetivo general de este borrador del Plan de Manejo Regional para el Manatí Antillano es que sirva como documento marco para la conservación del manatí y su hábitat en la región. Los objetivos específicos de este Plan de Manejo son: a) acumular información sobre la distribución y estado del manatí en los países de la región del Gran Caribe (Belice, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Guayana Francesa, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, Surinam, Trinidad y Tabago y la Florida en los EE. UU. y b) identificar prioridades para el manejo de esta especie en peligro de extinción. Se hace mayor hincapié en las poblaciones en áreas distintas a la Florida en los EE.UU., ya que tienden a compartir problemas y necesidades de conservación similares. Este plan fue discutido y revisado durante el Taller Regional sobre la Conservación del Manatí Antillano en la Región del Gran Caribe, celebrado en Kingston, Jamaica, del 1 al 4 de marzo de 1994 organizado conjuntamente por el NRCA del Gobierno de Jamaica y el PAC del PNUMA.
El presente documento se basa en los informes presentados al UCR por varios países donde habita el manatí siguiendo las recomendaciones de la Segunda Reunión de ISTAC, al igual que en la información contenida en las comunicaciones recibidas por el autor, bibliografía publicada e informes no publicados.
Tabla de Contenido | Prefacio Y ... | Resumen | I. Introduccion | II. Estado Nacional | III. Actividades Recomendadas... | IV. Referencias | Apendice I | Apendice II | Apendice III | Tabla I
Como verdadero mamífero acuático herbívoro, el manatí antillano (Trichechus manatus), ocupa un lugar especializado en el ecosistema. La singularidad de su relación funcional con el medio ambiente lo convierte en un animal muy susceptible a la sobre- explotación. Los manatíes viven largo tiempo, pero sus procesos reproductivos son lentos. El crecimiento de poblaciones, que es naturalmente bajo y los niveles de mortalidad actuales, interfieren con el aumento de poblaciones potenciales y puede en realidad estar acelerando su disminución. Los manatíes se encuentran presentes en diecinueve (19) países del Gran Caribe, pero la mayoría de las poblaciones son estimadas como menores de cien (100) individuos. Cazados excesivamente en el pasado, ellos siempre han desempañado un papel importante en el folclor y tradiciones de los indígenas del Gran Caribe. Ecológicamente, es posible que ellos representen un papel en el ciclo de nutrientes y también en la limpieza de las vías acuáticas, ya que se alimentan exclusivamente de plantas acuáticas.
Los factores socioeconómicos afectan la conservación del manatí en el Gran Caribe. El Manatí de las Indias Occidentales frecuenta áreas habitadas por algunos de los pueblos más pobres del Hemisferio Occidental. El hábitat preferido del manatí corresponde a áreas usualmente favorecidas por los humanos para los asentamientos y más recientemente por empresas más grandes, para proyectos industriales y de desarrollo. El manatí es susceptible a los disturbios antropógenos y naturales, incluyendo las catástrofes ambientales, el acoso y la contaminación. A pesar que la caza tradicional disminuye, el manatí todavía se caza en el Caribe para la subsistencia y están surgiendo nuevas. Los peligros principales varían levemente dependiendo del país, pero la pesca incidental y la caza y alteración a su hábitat son los más prevalentes. La extensión del área donde habita el manatí interfiere con las actividades de aplicación de la ley y los programas educativos orientados a estimular la conciencia ecológica son limitados en número y en campo de acción.
Los manatíes de la Florida exhiben patrones de comportamiento flexibles y se adaptan rápidamente a las acciones tomadas en su favor. Algunas poblaciones tienen la posibilidad de recuperarse lentamente si se les deja solas. Los puntos claves para la conservación del manatí en países individuales consite en el cálculo de la distribución y abundancia, la conservación del habitat del manatí y el inicio de un programa integrado de cumplimiento de la ley, conservación y educación para asegurar la inmunidad de esas poblaciones a las amenazas que representan los humanos.
Como los manatíes se movilizan individualmente por las aguas territoriales de varios países, su conservación máxima dependerá principalmente de la cooperación internacional. Algunos sistemas (p.ej., en Belice, Guatemala y Venezuela) son identificados como fuentes potenciales de manatíes para áreas que están más carentes, pero esto será así sólo si a los manatíes se les concede y asegura protección en todas las áreas donde habiten.
Este documento se divide en tres secciones: I) un análisis de la biología de la especie en el Gran Caribe, II) estado del conocimiento científico y esfuerzos de conservación en cada uno de los países y III) un grupo de actividades recomendadas para que sean emprendidas por los países individuales y la región como un todo.
Tabla de Contenido | Prefacio Y ... | Resumen | I. Introduccion | II. Estado Nacional | III. Actividades Recomendadas... | IV. Referencias | Apendice I | Apendice II | Apendice III | Tabla I
A. ANALISIS DE LA TAXONOMIA Y BIOLOGIA GENERAL
Nombres comunes
También llamado vaca de mar, el manatí se conoce en la mayoría de los países del Caribe como vaca marina o manatí. La palabra probablemente se deriva de la palabra "manatí" de los Indios Caribes, que significa pecho, en alusión a la manera como los manatíes alimentan a sus crías con mamas marginalmente parecidas a los pechos humanos (Shaul y Haynes 1986). Otros nombres dados en la región son lamantin, zeekoe, amerikaanse lamantijn, y sekoe (Husson 1978), palpa (indios misquitos) y manatin (maya).
Taxonomía
La familia de los manatíes (Familia Trichechidae) son miembros del Orden Sirenia, un grupo singular de mamíferos acuáticos que se alimentan exclusivamente de materia vegetal. El género Trichechus se concentra en las aguas costeras e interiores del Nuevo Mundo y se compone de tres especies. T. inunguis (manatí amazónico) es endémico de la región del Amazonas y vive exclusivamente en agua dulce, T. senegalensis (manatí de Africa Occidental) habita en los estuarios y ríos de Africa Occidental y T. manatus (manatí antillano) distribuido desde el sudoeste de los Estados Unidos hasta el norte de Suramérica. El Estrecho de la Florida por un lado y las temperaturas frías del norte del Golfo de México por el otro, se cree que han fomentado la diferenciación del último en 2 subespecies identificadas con base en las características osteológicas (Domning y Hayek 1986): T. m. latirostris (manatí de la Florida) habita en la Florida costanera y en el norte del Golfo de México y el T. m. manatus (manatí de las Antillas) se mobiliza por las costas y los ríos desde México hasta el noroeste de Suramérica incluyendo el Gran Caribe. Se cree que los manatíes que se ven en Louisiana y al este son de la Florida, mientras que los que se encuentran en Texas probablemente pertenecen a la población de México. El único miembro vivo de la Familia Dugongidae, el dugongo (Dugong dugon) habita las aguas del Indopacífico.
Biología
Los manatíes poseen un cuerpo fusiforme, de color gris a negro, con una cola horizontalmente aplanada y carecen de miembros posteriores. Los miembros anteriores están modificados en aletas en forma de remos y presentan uñas a los extremos. El hocico es chato y los carnosos labios flexibles están provistos de cerdas sensorias. Otros pelos, más finos y más espaciados, cubren la superficie del cuerpo. Los ojos son pequeños. Las orejas carecen de pabellón externo. Los dientes caninos e incisivos están ausentes y los dientes de la quijada se mueven continuamente hacia delante, parecido a una correa transportadora. Los huesos son extremadamente densos y los huesos largos y costillas carecen de cavidad para la médula.
Una muestra de 33 manatíes de las Antillas capturados en Guyana midieron desde 1.0m a 3.4m; el peso del animal más pequeño fue de 27 kgs. y el más grande excedió los 400 kgs. (Bertram y Bertram). Los manatíes adultos de la Florida varían de 400 a 900 kgs. en peso y de 2.8 a 3.5m en su longitud total (O'Shea 1992).
Comportamiento
Los manatíes de la Florida son arrítmicos (Hartman 1979), pero pueden seguir patrones diel en el invierno (Bengston 1981, Kochman et al. 1985), abandonando lugares de aguas cálidas para alimentarse durante las horas de calor o entre olas de frío (Rathbun et al. 1983a, Powell y Rathbun 1984): en Trinidad éstos muestran reacción a los ciclos de las mareas (Boyle y Khan 1993).
Los manatíes son más activos al atardecer y al amanecer cuando por lo general se alimentan (Bertram y Bertram 1963). Se especula que en ciertas partes del Caribe se han convertido en crepusculares o nocturnales en respuesta a la caza (Ackerman 1992, Rathbun et al. 1983a, Reynolds et al. in ms., Reynolds y Odell 1992). Ocasionalmente se puede observar manatíes descansando en la superficie, al mediodía, aparentemente disfrutando del sol, especialmente en la temporada fría (Bertram y Bertram 1963,). A pesar de su gran tamaño, los manatíes son secretivos y pueden desaparecer tranquilamente o nadar a gran velocidad cuando se enfrentan a peligros. Por lo general, viajan totalmente sumergidos con la ayuda de las aletas pectorales. Las aletas también pueden ayudar a empujar el cuerpo hacia arriba, fuera del agua hasta los hombros, mientras que ellos se alimentan de la vegetación a las orillas de los ríos (Bertram y Bertram 1964).
Cuando la temperatura del agua disminuye por debajo de 20° C en otoño e invierno, los manatíes de la Florida migran, de acuerdo a la estación, en dirección norte-sur, en busca de sitios con aguas cálidas donde se congregan durante el invierno (Moore 1951, Irvine 1983, Irvine y Campbell 1978, Powell y Waldron 1981, Powell y Rathbun 1984, Shane 1983). El desplazamiento hasta de 600 km ha sido documentado (Rathbun et al. 1983B), con los machos movilizándose en áreas más extensas que las hembras (Bengston 1981). Desplazamientos similares pueden permitir el intercambio de poblaciones de manatíes en Belice (Bengston y Magor 1979, O'Shea y Salisbury 1991), México (Colmenero et al. 1990, Benjamin Morales com. pers), y posiblemente Honduras (Rathbun et al. 1983a). Durante épocas de inundaciones los manatíes se movilizan a lo largo de los ríos, lagunas y riachuelos adyacentes de México, Costa Rica, Nicaragua, Suriname, Colombia y Venezuela (Mondolfi 1974, Colmenero 1984, Husson 1978, O'Shea et al. 1988, Reynolds et al. in ms., Montoya y Mignucci, datos no p.), mientras que durante la sequía, se concentran en ríos perennes y lagunas de mayor dimensión, en búsqueda de forraje y protección. En contraste, en Panamá no se encontró evidencia de este tipo de comportamiento migratorio estacional (mou Sue et al. 1990).
Reproducción
La actividad reproductiva ocurre todo el año (Husson 1978, Rathbun et al. 1985a), con alguna indicación de mayor apareamiento entre marzo y agosto (Charnock-Wilson 1968, Gibson 1992, Janson 1977, Rathbun et al. 1985a, Quintana 1993). El apareamiento, por lo general, toma lugar en aguas someras, en remotas y tranquilas lagunas, ensenadas y arroyos (Bertram y Bertram 1963, Husar 1977).
Los manatíes en la Florida se reúnen para el apareamiento, en grupos por períodos que pueden durar de una semana a un mes, donde hasta 17 machos pueden perseguir a una hembra por más de 150 kms. hasta que ella se aparea con varios de ellos en secuencia. A veces la hembra se puede extraviar a propósito para prevenir los avances de los machos (Hartman 1979, Bengston 1981). Similarmente, en Belice y Guyana se han observado estos grupos numerosos (12 a 16), (Bertram y Bertram 1964, Charnock-Wilson 1968) y se ha descrito que "luchan" por más de 2 horas antes de "encallarse en la orilla" y aparearse acostados de lado (Bertram y Bertram 1964). En Puerto Rico se describió grupos de apareamiento de aproximadamente 8 animales. (Mignucci 1989, datos no publicados).
El período de gestación es de 1 año aproximadamente, (Hartman 1979, Rathbun et al. 1992), y las hembras paren en áreas de aguas someras y protegidas (Hartman 1979, Bengston 1981, Gibson 1992). Las pequeñas crias se observan todo el año (Belitsky y Belitsky 1980, Powell et al. 1981), aunque algunos sugieren que la mayoría de los nacimientos ocurren durante la temporada lluviosa, entre septiembre y marzo o abril (Charnock-Wilson 1968, Colmenero et al. 1988, Quintana 1993). Por lo general, nace una sola cría, pero se han reportado nacimientos de mellizos (Charnock-Wilson 1968, Colmenero et al. 1988, Gumilla 1745, Husson 1978). Los recién nacidos pesan aproximadamente 27-40 kgs. y miden unos 80-130cm (Gumilla 1745, Husson 1978, Mondolfi 1974, Zárate 1993). La cría se puede quedar con la hembra por más de un año (Husson 1978). Los pares de madre y cría pasan mucho tiempo en áreas seguras, en la proximidad de fuentes de agua dulce (Colmenero et al. 1988. Gibson 1992, Morales et al. 1993 datos no publicados). En ciertas áreas, las hembras dejan a sus crías con otros, en lugares retirados, mientras ellas salen a alimentarse (Reynolds 1981, Domning 1990). En la Bahía de Chetumal, se han observado hembras con dos crías de tamaños distintos a la vez, lo que sugiere que una hembra puede alimentar dos crías de edades diferentes a la vez (Morales et al. 1993 datos no publicados).
Estructura Social
Los manatíes son generalmente solitarios en su área de movilización, pero pueden ser vistos en pares o en pequeños grupos hasta de 13 individuos a la vez (Cerrato 1993 informe no publicado, Estrada y Ferrer 1987, Irvine et al. 1982, Mondolfi 1974, Powell et al. 1981, Quintana 1993, Rahbun et al. 1985, Zárate 1993). La mayoría de las asociaciones son temporales y de acuerdo a la época, con la excepción de una madre y su cría (Reynolds 1981), que mantiene contacto continuo mediante la comunicación vocal (Hartman 1979).
Alimento y alimentación
Los manatíes que son esencialmente herbívoros, no son muy selectivos en su alimentación (Bertram y Bertram 1963), consumiendo plantas y pastos sumergidos, flotantes o emergentes de agua dulce (Ceratophylum, Eichhornia, Echinochloa, Hydrilla, Panicum, Paspallum, Phragmites, Pistia, Pontederia, Potomogeton, Vallisneria), y retoños y hojas de los mangles Avicennia, Rhyzophora, Laguncularia, moko-moko Mostrichardia y hojas de Ipomoea (Mondolfi, 1974. Duplaix y Reichart 1978, Husson 1978, Hartman 1979, Bengtson 1981, Hurst 1987, Lefebvre et al. 1989, Mou-Sue et al. 1990, Augusta 1992, Boyle y Khan 1993, INDERENA 1993 in litt., Reynolds et al. in ms.). En los hábitas marinos de Puerto Rico, República Dominicana, Cuba y Florida, los manatíes se alimentan con Ruppia y lechos de pastos marinos como el Syringodium, Haliodule y Thalassia (Belitsky y Belitsky 1980, Packard 1981; Powell et al. 1981, Rathbun et al. 1983a, Estrada y Ferrer 1987, Colmenero et al. 1988). En Jamaica se han documentado episodios de manatíes cogiendo peces de las redes de los pescadores (Powell 1978).
Los manatíes pueden consumir aproximadamente 8% del peso total de su cuerpo en plantas acuáticas, todos los días, (Best 1981). Ellos poseen una eficiencia digestiva elevada, entre 45 y 80% y tienen una baja tasa de pasaje de alimento a un intestino posterior digestivo (Best 1981, Lomolino y Ewel 1984, Burn 1985). Hurst (1987) calculó la energía requerida de un adulto no lactante de 600 kgs, como mayor de 4.000 kcal por día, o sea, aproximadamente 29.5 a 45 kgs diarios de Ceratophylum.
Hábitat
Los manatíes usan los ríos, estuarios y áreas costeras movilizándose libremente entre áreas de agua dulce, salobre y salada (Bengtson y Magor 1979. Lefebvre et al. 1989); sin embargo, parecen requerir el acceso a agua dulce (Crombie 1975 informe no publicado, Campbell y Irvine 1975, Powell et al. 1981, Colmenero et al. 1988, Augusta 1992). Otros requerimientos incluyen abundante vegetación acuática para alimentarse, proximidad a hondos canales para movilizarse y refugios tranquilos para su protección (Charnock-Wilson 1968, Hartman 1979, Belitsky y Belitsky 1980, Powell et al. 1981, Gallo 1983, Rathbun et al. 1983a, 1985, Powell y Tarhbun 1984, Cerrato et al. 1993, Estrada 1993 in litt., Ferrer 1993 in litt, Zarate 1993, Reynolds et al. in ms.). En la Florida ellos requieren del acceso a aguas cálidas durante el invierno (Hartman 1979).
En Suriname, los manatíes habitan en pantanos semi sumergidos y las regiones de la sabana (Duplaix y Reichart 1978). En Venezuela y Colombia los hábitats disponibles aumentan significativamenta durante la época lluviosa, permitiendo acceso a los tributarios y lagunas. Durante la sequía, los manatíes pueden ser atrapados en cuerpos de aguas profundas (O'Shea et al. 1988, Montoya, datos no publicados).
Interacción con otros organismos
Los manatíes en México comparten hábitats con las tortugas verdes (Chelonia mydas), cocodrilos (Crocodilus acutus), nutrias de río (Lutra longicaudis annectens) y delfines (Tursiops truncatus), picudas o barracudas (Sphyraena barracuda), tiburones (Gicglymostoma cirratum) y rayas (Aetobatus narinaris). Las rémoras (Eheneis neucrotoides), se encuentran comúnmente adheridas a los cuerpos de los manatíes, (Colmenero et al. 1988). En Puerto Rico la mayoría de los manatíes tienen un número de rémoras asociadas a ellos. (Mignucci 1989, datos no publicados). En Venezuela los manatíes comparten hábitats con las nutrias gigantes de río (Pteronura brasiliensis) y nutrias de río (Lutra longicaudis), los delfines de ríos y estuarios (Inia geoffrensis y Sotalia fluviatilis), la capibara (Hydrochaeris hydrochaeris), el caimán (Cayman crocodilus) y las tortugas de río (Podocnemis expansa) (Ojeda et al. 1993).
Los manatíes supuestamente sirven como presa de tiburones en Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Honduras, México y Panamá (Belitsky y Belitsky 1980, Colmenero et al. 1988, Colmenero y Zárate 1990, Crombie 1975, Gallo 1983, Janson 1977, Mou Sue et al. 1990, Reynolds et al. in ms.). Sin embargo, no existen registros documentados de ataques a manatíes por parte de tiburones, cocodrilos o barracudas, en la Bahía Chetumal, México (Morales y Olvera 1993). Bertram y Bertram 1964, pensaron que tanto el caimán como los peces grandes o agresivos pueden atrapar los manatíes, especialmente si se trata de especímenes heridos.
Características de la historia del ciclo de vida
Los manatíes son animales que viven largo tiempo y pueden alcanzar a más de 50 años de existencia. Las hembras alcanzan la madurez entre los 3 y 4 años de edad. La tasa de mortalidad durante los primeros años es alta pero disminuye después de la madurez (Marmontel 1993). Estos parámetros contribuyen a una tasa baja del potencial máximo de crecimiento de las poblaciones en los manatíes de la Florida (Packard 1985) y también se presume lo mismo de otras poblaciones.
Enfermedades
Forrester (1992) revisó las causas de mortalidad y morbilidad entre los manatíes de la Florida y señaló que los agentes bacterianos virales y fungales además de los parásitos internos y externos son relativamente insignificantes en términos de patología y no causan epizootia. Los manatíes, especialmente los subadultos, son vulnerables a temperaturas extremas del frío invierno y se ha implicado en la Florida a los organismos causantes de las "mareas rojas", en una gran mortandad de manatíes (O'Shea et al. 1985, 1991).
B. ESTADO GENERAL EN LA REGION
Distribución
El manatí de las Antillas habita desde el norte de Suramérica hasta el sudeste de los Estados Unidos, incluyendo Trinidad y las Antillas Mayores. Normalmente no se encuentra en las Antillas Menores. La temperatura restringe la dispersión de las especies entre las isotermas norte y sur de 24° C (Whitehead 1977). La distribución actual es fragmentada debido a la extinción local o a la falta de hábitats apropiados (Thornback y Jenkins 1982, Lefebvre et al. 1989).
Abundancia y estado legal
Pequeñas poblaciones de manatíes existen en 19 países del Gran Caribe. Aunque no se ha obtenido información sobre pasadas abundancias, en la mayoría de las áreas, se perciben como disminuyendo en número en las últimas dos décadas. O'Shea and Salisbury (1991) proveen una tabla de conteos máximos de manatíes de las Antillas por toda la región del Caribe. Un reconocimiento aéreo sobre áreas seleccionadas en Belice produjo los conteos más altos (n=102), de cualquier país caribeño.
Los manatíes de las Indias Occidentales aparecen en la lista de los animales en peligro de extinción bajo la "Ley de los EE. UU. de 1973 para las Expecies en peligro de extinción, como enmendada" y vulnerables a la extinción por La Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN), (Thornback y Jenkins 1982). Los manatíes figuran en el Apéndice I del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies de Flora y Fauna Silvestres en Peligro de Extinción (CITES) y en consecuencia, el comercio de cualquier producto derivado del manatí está prohibido. El Anexo II del Protocolo de SPAW, incluye todas las especies Sirenia como requiriendo protección total bajo el artículo 11, el cual prohibe capturar, poseer, matar y comercializar las especies, partes o productos de las mismas. Además otros convenios internacionales pertinentes sirven para proteger los manatíes y sus hábitats. La Convención Ramsar para la conservación de los humedales, que entró en vigencia en 1975, promueve la designación y gestión de los humedales nacionales como importantes hábitats para las especies, en particular para las aves acuáticas. Once Estados del Gran Caribe son Partes de la Convención Ramsar. El Convenio recientemente adoptado, sobre la Diversidad Biológica tiene como sus objetivos la conservación de la biodiversidad y el uso sustentable de sus componentes. El Convenio entró en vigencia el 29 de diciembre de 1993 y ha sido suscrito por veinticinco Estados del Gran Caribe y diez de los Estados donde existe el manatí han ratificado. La Tabla 1 incluye la lista de los países donde existe el manatí, que han firmado o ratificado el Protocolo de SPAW y la Convención Ramsar, CITES y el Convenio sobre la Diversidad biológica.
Folclor y leyendas
El mito más conocido relacionado con los manatíes es el de las sirenas, posiblemente derivado del modo como las hembras alimentan a sus crías. Los manatíes están sujetos a dos leyendas similares de los Amerindios Caribes de Surinam, explicando el origen del manatí, tapir y marsopa (delfín gris del Amazonas) (Duplaix y Reichart 1978).
Historia de la explotación y utilización
Los manatíes han sido cazados por los nativos y explotados por los europeos. Su carne de alta calidad se considera tiene muchos sabores (de res, pescado, pollo, cerdo y otros) y la grasa tiene múltiples usos, desde combustible para el alumbrado hasta medicina. En Colombia y Honduras el cuero del manatí se usaba para la manufactura de látigos. Las excavaciones arqueológicas de sitios prehistóricos en Belice han producido una cantidad considerable de restos de manatíes (Bradley 1983. McKillop 1985) y recientemente se han registrado en la República Dominicana y México (Mignucci y Morales, datos no publicados). Los siglos XVII y XVIII fueron testigos de una explotación comercial de manatíes a gran escala, en las Guayanas y en la región del Caribe (Craig 1966, Bertram y Bertram 1973). Desilusionados con la fracasada búsqueda de oro, los marineros españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses encontraron que la carne del manatí era un substituto lucrativo. De acuerdo con de Jong (1961), la carne salada de manatí, era transportada desde las Guayanas hasta las plantaciones de azúcar en las Antillas o al noreste del Brasil (Bertram y Bertram 1973).
Durante sus viajes, Bertram (1761) encontró indios en la Florida que usaban las costillas de manatí como marfil y les daban un nombre que significa "gran castor". Los manatíes eran cazados por los indios Seminola de la Florida, pero la importancia de la carne de manatí en la dieta de estos indígenas no se ha determinado con claridad (Reynolds y Odell 1992). Los huesos molidos también son usados con fines medicinales, regulación menstrual, artritis, dolor muscular, dolor del cuerpo en general, epilepsia y tosferina.
C. IMPORTANCIA ECOLOGICA
El apacentar de los manatíes como forma de control de malezas y mosquitos ha sido investigado en condiciones de semi cautiverio (Allsopp 1960, MacLaren 1967). Aunque los manatíes ayudan la situación sin causar contaminación (Domning 1992, Reichart 1993 in litt.), el solo uso sistemático del poder de los manatíes no ha producido resultados muy alentadores (Etheridge et al. 1985). También se ha sugerido que los manatíes sean criados para la producción de la carne (Bertram y Bertram 1968), pero su tasa de reproducción baja, niveles de poblaciones deprimidas y su estado de peligro de extinción, hacen que la idea no sea factible. El rol de reciclaje de nutrientes limitados en el ecosistema parece ser una de las contribuciones ecológicas mayores de los manatíes, estimulando la productividad primaria (Lomolino 1977, Best 1981, Domning 1992). Más aún los manatíes pueden servir como indicadores de la salud ecológica general del ecosistema que habitan y a largo plazo, su fisiología puede proveer a la humanidad con sustancias o mecanismos para combatir ciertos tipos de enfermedades (Domning 1992).
Tabla de Contenido | Prefacio Y ... | Resumen | I. Introduccion | II. Estado Nacional | III. Actividades Recomendadas... | IV. Referencias | Apendice I | Apendice II | Apendice III | Tabla I
Belice
Estado y distribución
A pesar que Belice tiene una de las costas más pequeñas de los países del Caribe, posee un hábitat excelente para los manatíes: extensas ciénagas de manglares, y numerosas lagunas, riachuelos y ríos que se vierten en el mar y son protegidos por una barrera coralina costa afuera (Charnock-Wilson 1968). Los extensos lechos de pastos marinos entre los cayos proveen refugio y forraje para los manatíes. Belice hospeda la población más grande de manatíes que se registra en la región y es considerada "una de las últimas ciudadelas" para manatíes en América Central (O'Shea y Salisbury 1991). Una población humana poco densa y la baja incidencia de capturas ilegales a causa de un cambio en los hábitos de alimentación, asociados con la pérdida de la tradicional cacería contribuye a esta situación privilegiada.
Los manatíes se encuentran principalmente en el área Sur/Norte de la Laguna, incluyendo los trechos más lejanos de sistema de la laguna, v.g., Quamina Creek (arroyo Quamina), Cornhouse Creek (arroyo Cornhouse) Wagoner Creek, tum tum Creek. La concentración mayor de manatíes que se ha reportado, ocurre en la Laguna sur (el reconocimiento aéreo de 1987 contó cincuenta y cinco manatíes en las lagunas Sur y Manatí, O'Shea y Salisbury 1989) en el Distrito de Belice. Esta área provee un hábitat tranquilo, acceso libre al mar por el río Manatí Bar, lugares excelentes para la alimentación y fuentes de agua dulce, tales como la vertiente en Tarpon Hole (Hueco Tarpón). También se han visto concentraciones menores en la Bahía de Chetumal, en la región oeste del Cayo Ambergris, en el área de la ciudad de Belice, en la Laguna Placencia y en el área del Puerto de Honduras (Gibson 1992). Rutas importantes de navegación incluyen el río Manatí Bar River y los arroyos que lo conectan, y el Main Creek (Arroyo Principal). Se sabe que los manatíes entran al Río Sibun, pero no está claro hasta qué punto aquellos usan el área baja del Sibun y Radigan Creek, como acceso a las lagunas más grandes (Augusta 1992).
Un censo basado en observación primaria y entrevistas con residentes locales a fines de los años 60, (Charnock-Wilson 1968), indicaron que los manatíes eran comunes en Belice. Desde entonces, se han hecho dos reconocimientos aéreos, con un período de doce años de intervalo: Bengtson y Magor (1979) contó 101 mantís en 5 vuelos de gran extensión; O'Shea y Salisbury contaron 102 individuos en cinco vuelos sobre áreas seleccionadas. A pesar de las diferencias en la metodología y la naturaleza cuantitativa de una comparación, los conteos no sugirieron ninguna disminución en el tamaño de la población. El porcentaje de los manatíes juveniles observado en ambos reconocimientos (8.9 y 10.6% respectivamente), comparable al 7% para la población creciente de una subpoblación de manatíes en el Río Cristal, Florida (Rathbun et al. 1990) sugiere una población saludable. Basados en el reconocimiento O'Shea y Salisbury (1989) proveen un cálculo estimado de 300 a 700 manatíes en Belice.
Amenazas principales y problemas de la conservación
La población de manatíes en el Area Especial para el Desarrollo del Manatí (MSDA), parece estable en la actualidad, pero la terminación de la Nueva Vía Manatí, que aumentará el tráfico de embarcaciones y una multitud de urbanizaciones, puede que desempeñe un rol importante en lo que a muertes de manatíes en aguas costeras se refiere (Augusta 1992, Matola 1993 in litt.)
La amenaza mayor y más variada es la destrucción y degradación. Las lagunas y vías acuáticas poco profundas de MSDA son muy susceptibles a alteraciones significativas y la topografía singular de la piedra cal Karst de las cuencas, resalta la interconexión de todos los aspectos del sistema de cuencas y lagunas (Augusta 1992). Aproximadamente el 50% de los manglares en el área de la Ciudad de Belice han sido destruídos, principalmente para proyectos de vivienda, que afectan los patrones de filtración y drenaje de los escurrimiento naturales; otros varios proyectos extensos de desarrollo urbano y turístico se llevan a cabo, en el presente, en la Bahía de Chetumal (Gibson 1992). La rápida expansión de cultivos de cítricos y bananas en las principales cuencas de la Laguna sur y el escurrimiento de las plantaciones e ingenios azucareros al Río Nuevo y después a la Bahía de Chetumal, también son causa de preocupación (Gibson 1992). El Arroyo Quamina, fuente de agua potable del Punto Gales y una probable fuente de agua dulce para los manatíes, ha recibido escurrimientos agrícolas (August 1992), según se informa.
La industria del turismo ha crecido de una forma tremenda en Belice en los últimos 10 años con un aumento de más de 300% en el número de visitantes entre 1980 y 1990 y de un 75% en los hoteles ubicados en la zona costera (Gibson 1992). En este lugar, la mayoría de los viajes que se realizan en la aldea de Punto Gales se hace en grandes piraguas socavadas, con lentos motores fuera de borda de 6-30 HP. Sin embargo, el número de embarcaciones rápidas que visitan el Punto Gales por el sistema de lagunas desde la Ciudad de Belice ha ido aumentando. Ha habido por lo menos una colisión con un manatí y otro murió por lo que se dice fueron heridas causadas por la hélice de un motor fuera de borda; varios lugareños han informado una disminución en lo que ellos creen son apareamientos en las aguas someras a lo largo de la playa oriental de la aldea (Augusta 1992). El propuesto parque en la Laguna Sur y Norte atraerá más turistas interesados en la naturaleza y aumentará la alta velocidad del tráfico de embarcaciones rápidas en la aldea (Boardman 1993 in litt.).
El uso de redes agalleras vertical utilizadas legal e ilegalmente en el Area Especial para el Desarrollo del Manatí, ha aumentado en los últimos años, causando el ahogo de manatíes, especialmente los juveniles (Augusta 1992). Las leyes que prohiben el despliegue de redes agalleras a 1/2 milla de la desembocadura de los ríos, son rara vez obedecidas. Ocasionalmente, los animales encontrados enredados en las redes son golpeados hasta que mueren (O'Shea y Salisbury 1991). También es posible que los botes camaroneros de Honduras que operan en el canal llano entre el arrecife y la línea de la costa, causen que los manatíes se enreden aunque no hay registro de ésto (Boardman 1993 in litt.).
A pesar del estado protegido de los manatíes, todavía ocurren matanzas ilegales en el Cayo Ambergris, Dangriga y Punta Gorda. Ocasionalmente, la carne se ofrece para la venta en mercados como el de Corozal (O'Shea y Salisbury 1991), y dijes de hueso de manatí tallados se venden a los turistas en el Cayo Ambergris (O'Shea y Salisbury 1991).
Importancia socio-económica de la especie para las comunidades locales
Los manatíes abundaban en Belice antes y después de la llegada de los europeos. Algunos artefactos encontrados en varios cayos sugieren que los antiguos Mayas utilizaban la carne del manatí para alimento y los huesos para sus tallas. Toneladas de huesos de manatíes han sido excavados de basurales (400 a 700 A.C.) en el Cayo Moho, un hábitat actual para los manatíes, y antiguo matadero a la desembocadura del Río Belice (McKillop 1985). Algunos restos tambiém han sido recuperados de varios sitios arqueológicos en la costa y tierra adentro (Bradley 1983). Durante el siglo XVII, la carne de manatí ahumada, seca y salada, representaba una fuente de alimento para bucaneros y piratas (Craig 1966).
Una asociación de hace mucho tiempo existe entre los lugareños del área especial para el desarrollo del Manatí y sus ríos, lagunas y manatíes. La palabra "Manatí" (que localmente se pronuncia "Malanti"), es usada frecuentemente para describir toda el area sur de la Laguna y específicamente la aldea de Punta Gales. Los lugareños de Punta Gales se sienten orgullosos de su herencia de marineros y de pescadores y presentan un buen nivel de conciencia acerca de la singularidad de su población de manatíes, refiriéndose a los jóvenes de la aldea como "malanti", o sea muchacho o muchacha, o como "malantaranio". La amplia reserva federal forestal al oeste de la Laguna Sureña se llama la Reserva Forestal Manatí (Augusta 1992). Aunque las poblaciones pasadas comían la carne de manatí, las generaciones más jóvenes de beliceños que tienen acceso a carne fresca, salada o enlatada, no han adquirido el gusto por la carne de manatí (Charnock-Wilson 1968) y muy rara vez los cazan hoy en día.
El principal valor económico potencial del manatí puede ser como atracción turística. Sin embargo, debe tenerse cuidado cuando se fomentan actividades turísticas relacionadas con los manatíes para asegurar que éstas no tengan impactos negativos sobre las especies y sus hábitats. En años recientes se han planificado viajes guiados con objeto de ponerse en contacto con la naturaleza y observar los manatíes desde pequeños botes en Laguna Sureña y la parte inferior del Río Belice (O'Shea y Salisbury 1991) y Cayo Ambergris o para nadar con los animales desde Drowned Caye (Cayo Ahogado) fuera de la ciudad de Belice (Boardman 1993 in litt.).
Legislación nacional y medidas de conservación
Los manatíes están plenamente protegidos bajo la ley beliceña por la Ley no. 4 de 1981 para la Protección de la Vida Silvestre, suministrada por el Departamento de Silvicultura, del Ministerio de Recursos Naturales, el cual prohibe la cacería del manatí. El comercio de cualquier producto de manatí es ilegal bajo el apéndice I del Convenio CITES, del cual Belice es Parte. El uso de redes agalleras en los ríos es ilegal. Belice no ha firmado todavía el Protocolo de SPAW.
Bajo el Acta de Utilización de la Tierra, se ha declarado un Area Especial para el Desarollo de los Manatíes (MSDA) incluyendo las lagunas Norteña y Sureña. Bajo esa designación se está implementando un plan de división por zonas para regular los proyectos de urbanización costeros, actividades de pesca y el tráfico de embarcaciones. Existen planes para convertir la Laguna Sureña en un refugio para manatíes. La Unidad de Gestión del Area Costera administrá un programa de monitoreo en gran escala sobre la calidad del agua en el sistema de lagunas (Boardman 1992, Gibson 1992).
El nivel de conciencia acerca de los manatíes y su estado protegido es elevado entre los beliceños, parcialmente proque los manatíes son relativamente comunes en ese país, pero sin duda alguna, debido a los esfuerzos de muchas organizaciones no gubernamentales activas. Digno de especial mención es el programa de educación para la conservación de la vida silvestre, denominado, Programa de Extensión y Futuro del estado natural, del Zoológico de Belice establecido en 1984 por el Zoológico de Belice y que posiblemente es uno de los esfuerzos mayores hecho por una organización local del Caribe (Matola 1986, 1993 in litt., O'Shea y Salisbury 1991). El Programa consta de una exposición ambulante, con presentaciones de tranparencias en las escuelas y distribución de afiches, producción de un video y un librito sobre manatíes y la exhibición de películas sobre la conservación en la red de televisión nacional local (algunas de estas películas han sido donadas por el Club de Florida "Salve los Manatíes"). El Proyecto de Gestión del area Costera, mediante la Sociedad Audubon Belice, conduce, en el presente, un programa completo de educación sobre el medio costero, los manatíes y su hábitat, principalmente dirigido a los escolares (Gibson 1992). Los manatíes tambien figuran en charlas de radio semanales y boletines informativos de la Sociedad Audubon de Belice (Matola 1986). El material educativo (afiches, folletos están en proceso de preparación por el Proyecto de Gestión del area costera, en colaboración con el Centro de Investigaciones de Quintana Roo, Chetumal, México (Gibson 1993 in litt.). Los programas educativos dirigidos a las comunidades locales y a los visitantes serán un componente del propuesto Refugio para Manatíes en la Laguna Sureña (Gibson 1992).
En el Punto Gales, el ecoturismo ha fomentado un interés a favor de la mejor protección del manatí en la Laguna sureña (Matola 1993 in litt.).
Colombia
Estado y distribución
La información científica sobre la abundancia y el estado actual del manatí en Colombia es escasa. Se sugiere un conocimiento y uso tradicional de la especie por el hecho de que un pueblo cerca de la Costa Atlántica fue nombrado "Manatí". El hábitat de los manatíes en Colombia se caracteriza por incluir áreas de manglares, ciénagas, cochas, arroyos y ríos lentos y turbios con abundante vegetación flotante (INDERENA l993, datos no publicatos). Los manatíes se encuentran en lugares aislados en los ríos y estuarios principales alejados de la presencia humana (Powell y Gicca l975 datos no publicados, Husar, l977). Su área de distribución aproximada incluye el Caribe colombiano (trechos medio e bajo del río Atrato, trecho bajo del río Sinu, trecho medio del río San Jorge (Ciénaga de Ayapel), trecho bajo del río Cauca, trechos medio y bajo del río Magdalena, trecho bajo del río Frío y algunos rios de los llanos orientales (trechos medio y bajo del río Meta, trecho bajo del río Guaviare, trecho bajo del río Tuparro, trecho medio del río Arauca, trecho medio del río Orinoco) (INDERENA 1993 dat. no pub., Caicedo 1993). Algunos manatíes habitan durante todo el año en los pantanos en Ciénaga de Ayapel (cuenca media del río de San Jorge)(Prieto l988), mientras que en la porción inferior del río Sinu, migran a medida que varía la disponibilidad de alimento (INDERENA 1993 inf. no pub.). Un número de especímenes son mantenidos en grandes lagos artificiales (por ejemplo Magangué, en el departamento de Bolívar). Los manatíes habitan en el Parque Nacional Natural de los Katios (Cuenca) del río Atrato. (INDERENA, l993 inf. no pub., Caicedo, l993). A finales de 1993 INDERENA comenzó investigaciones sobre el estado, hábitat, educación, movimientos y áreas de alimentación en la Amazonia colombiana (Montenegro, l994), e igualmente durante l994, INDERENA y el Banco de la República, realizaron un estudio sobre la evaluación de la Ciénaga de Paredes (Santander) como hábitat potencial para la población de manatíi en este sector del Magdalena medio (Montenegro, l995).
Principales peligros y problemas de la conservación
La caza ilegal representa la mayor amenaza a los manatíes de Colombia, seguido muy cerca por el deterioro de su hábitat. Los manatíes son sacrificados por su carne, por los nativos y pescadores de las áreas costeras y fluviales (INDERENA 1993, datos no publicados). En los últimos 5 años, se estima que han habido 4 muertes anuales, pero los números pueden ser mayores si se tomaran en cuenta las áreas boscosas en donde no se conoce a ciencia cierta su distribución (INDERENA 1993, inf. no pub.).
El hábitat del manatí en Colombia se encuentra bajo degradación continua debido al aumento de asentamientos humanos en las áreas costeras, la transformación de ciertas tierras en areas para la agricultura y la cría del ganado, la contaminación y la eutroficación, el drenaje y cambio de ruta de los cuerpos de agua y la consecuente sedimentación de arroyos y ríos que interfiere con la migración natural de las especies de fauna acuática en el área. La construcción de represas puede afectar considerablemente los hábitats naturales (INDERENA 1993, Caicedo 1993).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
La gente que vive bajo condiciones de extrema pobreza a lo largo de los ríos o de otros cuerpos de agua, con frecuencia organiza partidas para la caza del manatí, después de las cuales se mata al animal y se vende para obtener una ganancia (INDERENA 1993, inf. no pub.).
Legislación nacional y medidas de conservación
En Colombia, los manatíes son protegidos por la Resolución no. 574 de 1969 por INDERENA (Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente), mediante el cual se insta la veda permanente de las dos especies de manatí en Colombia; el Decreto Ley 2811 de 1974 por el cual se dicta el código nacional de recursos naturales, el Decreto Reglamentario No. 1608 de l978, mediante el cual se reglamenta el código de recursos naturales en materia de fauna silvestre, y la Ley 84 de l989 establece el estatuto de protección de los animales. Colombia es Parte de la Convención CITES y controla el comercio de cualquier producto de manatí bajo el Apéndice I de esta Convención. Sin embargo, la imposición de tales leyes está obstaculizada por la ineficiencia en las medidas de control y vigilancia para abarcar las áreas de distribución de la especie y la falta de educación de los lugareños. El Gobierno Colombiano ha marcado un número de refugios y parques para la protección de la vida silvestre, y en algunos de ellos se protege al manatí. Colombia firmó el Protocolo SPAW en l990 pero hasta el momento no se ha ratificado.
En 1988, el INDERENA inició una campaña de protección en el área de Ayapel, en el departamento de Córdoba (Prieto, l988). Entre 1990 y 1992, la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS), con la ayuda de la Red Caribeña de Varamientos (Puerto Rico), llevó a cabo un programa en el cual dos neonatos y 4 adultos fueron rescatados. Varios manatíes capturados por los lugareños han sido puestos en libertad en lagos donde son mantenidos en semicautiverio. Dos manatíes han nacido bajo estas condiciones (INDERENA 1993, inf. no pub.). Los planes anteriores de conservación han carecido de continuidad y no han sido evaluados. La CVS tiene propuestas en las áreas de educación ambiental, rehabilitación y monitoreo de la población mediante la radiotelemetría, en el departamento de Córdoba y el INDERENA (funciones que desde l993 asume el Ministerio del Medio Ambiente) tiene planes de implementar varios proyectos de conservación en el trecho bajo del Magdalena y el Caribe colombiano (INDERENA 1993, inf. no pub.). En el pasado, el INDERENA ha producido folletos educativos acerca de las especies en peligro de extinción, incluyendo uno sobre el manatí. La CVS también desarrolló un programa educativo con folletos y afiches explicando la importancia de la conservación de la especie e invitando a todos los habitantes locales a informar de la presencia de manatíes en el área; sin embargo, tuvo que ser descontinuado por falta de fondos y de personal. En l994, a partir del trabajo realizado en la Ciénaga de Paredes se propuso un plan regional para la conservación del manatí, el cual se implementará en la zona en la medida de los recursos económicos que se consigan. Desde l992 el "Club de Amigos del Manatí" ha efectuado campañas educativas en Magangué (Caicedo, l993).
Costa Rica
Estado y distribución
Costa Rica tiene hábitats excelentes para los manatíes: esto es, tranquilos canales llanos y lagunas, agua dulce y vegetación flotante abundante y emergente tales como los canales en el área Atlántica de Costa Rica (Reynolds et al. inms, Vasquez R. 1993 en litt.). En el pasado, ha habido informes de manatíes a lo largo de la costa Atlántica y entrando en los ríos San Juan, Sarapiqui y San Carlos (Frantzius 1869). Aunque los manatíes eran relativamente comunes en Costa Rica hasta los años 50, en el presente son considerados como poco comunes (Reynolds et al. in ms). O'Donnell (1981) describió la distribución de los manatíes en los últimos años de la década de los 70, basándose en entrevistas y reconocimientos aéreos. Tortuguero, en las planicies costeras, todavía contiene la concentración mayor, aunque pequeña, de manatíes en el país, especialmente en Cano Servulo (Reynolds et al. in ms). Las recientes observaciones de manatíes son escasas e incluyen Río Colorado (1 en 1991) y Laguna Gandoca, Refugio de Fauna Silvestre Gandoca-Manzanillo en la parte sudeste de Costa Rica (1 en 1982 y 3 en 1990) (Vásquez R. 1993 in litt.). No se observó ningún manatí en tres viajes de reconocimiento en bote realizados en la Laguna Tortuguero, entre 1984 y 1991 y un reconocimiento aéreo en el mes de julio de 1991 resultó en 3 registros solamente: 1 manatí en Cana Servulo y 2 al norte de la desembocadura del Rio Sixaola en el borde de Panamá (Reynolds et al. in ms).
Amenazas principales y problemas de la conservación
La caza ilegal para la subsistencia y el tráfico de embarcaciones motorizadas en los canales de Tortuguero, reclaman las vidas de 1 o 2 manatíes por año. La carne es utilizada por la comunidad negra en el pueblo de Tortuguero, adyacente al Parque (Elizondo 1993, información no publicada). El aumento del tráfico de naves en el Río Colorado, la contaminación del agua por el petróleo emitido por los motores en esas áreas, y la pérdida de hábitats (Elizondo 1993 informe no publicado, Vásquez R. 1993 in litt.), amenazan aún más la población de manatíes en Costa Rica. Los bosques destruídos en el área de amortiguamiento del Parque Nacional Tortuguero puede causar sedimentación de lodos en los canales en un plazo intermedio o largo (Elizondo 1993 información no publicada). Productos agroquímicos están siendo descargados en los canales de Tortuguero (por ejemplo cerca de Boca Parismina) por los agricultores de banano, y nuevos proyectos se instalan a lo largo de la cuenca del Río Tortuguero, el cual desemboca al Parque. Los manatíes pueden estar ingiriendo bolsas plásticas desechadas (Elizondo 1993 información no publicada, Reynolds et al. in ms).
Importancia socioeconómica y medidas de conservación
Los manatíes son cazados por su carne la cual se dice que tiene muchos sabores y la grasa que produce un aceite de buena calidad (Vásquez R. 1993 in litt., Reynolds et al. in ms.). Sin embargo la gente más joven parece haber perdido el interés en la caza; esto se explica en parte por el tiempo y la paciencia que este ejercicio requiere y en parte por el cierto nivel de concientización acerca del estado de "en peligro" que posee la especie y su atractivo turístico (Reynolds et al. in ms.).
Legislación Nacional y medidas de conservación
Costa Rica ha protegido sus manatíes desde 1953. La reciente Ley de Conservación de la Vida Silvestre no. 7317 de 1992 caracteriza a los manatíes como especie en peligro de extinción (Vásquez R. 1993 in litt.). Costa Rica es Parte de la Convención CITES, pero no ha firmado aún el Protocolo SPAW.
La protección, sin embargo, es difícil debido a la falta de personal tanto en los refugios como a nivel nacional. La mejor protección del hábitat es provista por la implementación del Parque Nacional Tortuguero y el Refugio de Fauna Silvestre Barra del Colorado, al igual que el Refugio Gandoca-Manzanillo. La Dirección General de Vida Silvestre estimula la conservación de la flora y fauna silvestres, en general, e implementa programas, pero no se ha desarrollado ningún programa específico para el manatí (Vásquez R. 1993 in litt.).
Cuba
Estado y distribución
Las extensas áreas poco profundas y protegidas de la costa así como los muchos ríos, tanto en la costa norte como en la costa sur de Cuba, constituyen hábitats favorables para los manatíes (Lefebvre et al. 1989). Los cambios ecológicos en los ríos de Cuba (la contaminación, construcción de represas y la deforestación o lo largo de las márgenes; todas afectando el crecimiento de las plantas) puede que haya causado que los manatíes se hayan cambiado de un hábitat fluvial a un hábitat marino más costero, (Cuni 1918) donde ellos son vistos más frecuentemente a lo largo de las costas protegidas con extensas áreas someras (Estrada y Ferrer 1987).
Un estudio nacional completo (excluyendo el área entre Jaimanitas y Punta Hicacos) que involucró a 301 pescadores, dió indicaciones de la continua presencia de manatíes a lo largo de la costa. Doce de las áreas donde más frecuentemente se observaron manatíes comprenden: La Ensenada de Guadiana-Puerto Esperanza, Bahía de Cárdenas, Carahatas-Caibarién, Turiguano, Nuevitas-Puerto Padre, Gibara-Cayo Saetia (costa norte), Siguanea y Punta del Este (Isla de la Juventud), Ensenada de la Broa, Casilda-Tunas de Zaza, Golfo de Ana María, Golfo de Guacanayabo-Ensenada de Mora, Baitiquiri (costa sur) (Estrada y Ferrer 1993, Ferrer 1993 información no publicada). Se ha informado que los manatíes son más abundantes en el complejo de la Ensenada de La Broa-Río Hatiguanico en la costa sureña de la Península Zapata, rica en estuarios y abundante vegetación (Ferrer 1993, información no publicada). La Península Zapata no es muy poblada y ha sufrido algo de impacto ambiental. Los manatíes también están presentes en la costa sur de Pinar del Río (entre Cortés y La Coloma), la costa norte de la Provincia de Villa Clara (en la región central norte de Cuba), la costa norte de la Provincia de Las Tunas (región noreste), y costa sur de la Provincia de Sancti Spiritus (región central sur de Cuba) (COMARNA 1993, información no publicada). A pesar de las noticias alarmantes de la disminución de las poblaciones debido a la cacería ilegal y a la contaminación a finesde los años 70, (Lefebvre et al. 1989), el 58% de los entrevistados, informaron haber visto manatíes en los 12 meses anteriores a la encuesta y el mismo porcentaje pensaba que el número de los manatíes había estado aumentando en los últimos 10 años; sólo el 11% consideraba que los manatíes eran "raros" en Cuba. Esta aparente mejora puede que haya sido producto de la concientización de los pescadores sobre la legislación y el cuplimiento de la ley (Ferrer 1993, informe no publicado).
En Cuba se han hecho algunos reconocimientos aéreos (Estrada y Ferrer 1993, Ferrer 1993, informe no publicado). Entre octubre de 1985 y enero de 1986, se hicieron 8 vuelos de reconocimiento que cubrieron las áreas de Casilda-Tunas de Zaza, (entre las desembocaduras de los ríos Jatibonico del Sur y Agabama-Manatí, al sur de la Provincia de Sancti Spiritus, un total de 93 kms. aproximadamente), en estos vuelos se observaron 44 manatíes; en noviembre de 1986 y julio de 1987, se hicieron 4 vuelos cada vez en la Península Zapata y Ensenada de la Broa y Río Hatiguanico en el oeste, (aproximadamente 96 kms.), con conteos de 21 y 39 manatíes, respectivamente; en julio de 1992, se hicieron 4 vuelos cubriendo todas las costas de la Península Zapata y la cuenca del Rio Hatiguanico y Laguna del Tesoro produciento un conteo de 20 manatíes.
Amenazas principales y problemas de la conservación
Se piensa que el nivel de las amenazas a manatíes se ha mantenido estable, por lo menos entre 1959 y 1989 (Ferrer 1993, información no publicada). Como resultado de medidas de protección, la caza ilegal ha sido practicamente eliminada en Cuba (COMARNA 1993, información no publicada). Aunque se dice que la mortalidad no es alta, las actividades costeras de pesca son las principales causas identificables de la muerte de manatíes en Cuba, debido a la sofocación cuando los animales quedan atrapados en varios tipos de redes. La contaminación y la pérdida de las condiciones naturales, especialmente en las extensiones inferiores del 90% de los ríos han reducido dramáticamente los hábitats del manatí. En 1981, aproximadamente 8 manatíes murieron al haber sido expuestos a los residuos procedentes de la industria azucarera. Se dice que la Bahía de Nipe, que es la bahía más grande de Cuba, ha sido abandonada en los últimos 20 años debido a la contaminación que también afectó la cría de camarones. Un aumento en el turismo, que se ha acentuado en los últimos 3 años y se traduce en la construcción de calles y puentes en áreas costeras bajas y hoteles y bases náuticas para los yates, puede aumentar los peligros (Estrada y Ferrer 1993). Una proporción más pequeña de muertes de manatíes se atribuye a colisiones con botes, caza con arpones, explosiones bajo agua producidas por la prospección del petróleo y los ataques de tiburones (Estrada y Ferrer 1987, Ferrer 1993, información no publicada).
Legislación nacional y medidas de conservación
En Cuba, los manatíes han figurado en la lista de especies en peligro de extinción desde 1973 (Estrada y Ferrer 1993). Esta especie ha sido protegida desde 1936 por Decreto-Ley 707; que en su artículo 39 prohibe la captura de manatíes y prescribe multas de 500 pesos y/o encarcelamiento por 180 días. En 1955 el Decreto 2724 ("Reglamento de la Ley general de Pesca"), en su artículo 75 declara que el manatí es un animal en veda permanente. En 1982, el Ministerio de Pesca creó el Decreto 103, permanentemente prohibiendo la captura de manatíes en todo el territorio nacional, con multas de 100 pesos y confiscación de los animales capturados, aperos de pesca y botes. No existe un mercado autorizado para la comercialización de la carne del manatí. Cuba es Parte del Convenio CITES y ha firmado el Protocolo de SPAW.
Estas leyes han sido impuestas sólo en los últimos 30 años (Ferrer 1993, información no publicada), pero se ha sugerido que tanto la población como las instituciones gubernamentales poseen un alto nivel de concientización relativa sobre la situación de los manatíes (COMARNA 1993, información no publicada). Sin embargo, es difícil evaluar los efectos de estas regulaciones debido a la extensa costa con múltiples áreas de difícil acceso (Estrada y Ferrer 1993).
Las limitaciones sobre el desarrollo económico en Cuba, impiden la implementación de medidas de gestión y protección. El gran desarrollo en las investigaciones científicas en los últimos 30 años ha sido dirigido hacia la producción, la medicina y la tecnología pesquera. Cuba promociona la necesidad de proteger la naturaleza, con muchas campañas de radio y televisión para la conservación de la flora y la fauna, aunque no hay ninguna específica para los manatíes. Además las limitaciones económicas han reducido tales campañas en los últimos 3 años (Estrada y Ferrer 1993, Ferrer 1993, información no publicada).
Aunque Cuba es la Isla más grande del Caribe, no tiene ningún programa dirigido al estudio, evaluación, protección, y gestión de su fauna marina y de sus hábitats, y sólo en los últimos años ha comenzado a demostrar una conciencia por la necesidad de tal programa. No existe ningún programa nacional de conservacion (Estrada y Ferrer 1993). Los programas de conciencia ambiental acerca de la protección de la vida silvestre son frecuentemente producidos por la televisión, radio y periódicos (Estrada y Ferrer 1993 información no publicada). Los únicos programas limitados de investigación incluyen a) reconocimientos aéreos para calcular el tamaño de la población que ocupa las vecindades de la Península de Zapata, por el Instituto de Investigación Forestal del Ministerio de Agricultura (afectado por la falta de fondos) y b) un proyecto similar para el estudio de ecosistemas costeros de los cayos de Sabana-Camagüey en la costa norte de Cuba, como parte de un Programa del PNUD (que aún no se ha iniciado) (Estrada y Ferrer 1993).
República Dominicana
Estado y distribución
Durante la era pre-Colombina, los manatíes de la República Dominicana eran suficientement abundantes como para ser utilizados como alimento y sus huesos tallados como íconos (Belitsky y Belitsky 1980). Sin embargo, los números se consideran mucho más bajos que en el pasado (Campbell and Irvine 1975 información no publicada), lo que Belitsky y Belitsky atribuyen a la presión de cacería y degradación del hábitat por el desarrollo de la tierra.
En la República Dominicana, los manatíes están confinados a las áreas marino costeras, lo que se explica por la formación de barreras de arena en las desembocaduras de los ríos debido a la preparación de tierras agrícolas (Belitsky y Belitsky 1980). Los especímenes se pueden encontrar en las desembocaduras de los ríos pero permanecen en la proximidad del agua dulce (Campbell y Irvine 1975 información no publicada) y frecuentan las crecientes de las Tres Hermanas, Laguazuma y Playa Saedilla (Belitsky y Belitsky 1980). Los manatíes son vistos principalmente en las áreas sur y norte de la República Dominicana. El hábitat apropiado en el área sur de la República Dominicana es escaso. [Husar (1977), Campbell e Irvine (1975) información no publicada], y Belitsky y Belitsky (1980) identificaron importantes áreas de manatíes: Tres Hermanas, Las Terrenas, Monte Cristi, y Laguna Las Calderas en la costa norte, y Bahía de Ocoa y Bahía de Neiba en la costa sur. También fueron mencionadas la proximidad de Boca de Yuma en la costa este sur de la Isla Saona, Nizao en el sur, aguas costeras entre la Isla Beata y la tierra firme, y Pedernales en el suroeste, y los ríos Masacre, Yaque del Norte, San Juan, Bajabonico, Isabela y Yaque del Sur (Belitsky y Belitsky 1980). Areas adicionales incluyen Playa Grande, Playa de Rincón, Bahía de Rincón, Río Cano del Agua, Río Cosón, Arroyo Cañada Salada, La Poza, Bahía de Manzanillo, Los Patos, Bahía Regalada, Estero Hondo, Punta Rucia, Bahía de Yuma (Lefebvre et al. 1989).
Seis reconocimientos aéreos completos llevados a cabo dos veces por mes, fueron hechos en 1977 a lo largo de la costa y sobre los ríos, lagunas y estuarios. El mayor número de manatíes que se registó fue 41, con un número promedio de 12.3 por vuelo en el norte y de 7.5 en el sur, y un cálculo de población total de 60 entre Manzanillo y Pedernales. Las áreas primarias de distribución fueron entre Manzanillo y Miches (costa norte) y entre la Bahía de Ocoa y la Isla Beata (costa sur), con sólo un registo al noroeste de la Isla Saona (costa sur). Las aguas costeras cerca de Monte Cristi y bahías de Samana, Ocoa y Neiba fueron focos de la presencia de manatíes (Belitsky y Belitsky 1980).
Amenazas principales y problemas de la conservación
Durante entrevistas, se citaron la caza y la conducta predatoria de los tiburones como las causas principales de la mortalidad de los manatíes, aunque esta última puede que represente la acción de devorar los animales ya muertos (Belitsky y Belitsky 1980). Aunque los pescadores están conscientes de la legislación, en Azua, admitieron cazar manatíes cuando se les presenta la oportunidad y vender la carne en los mercados locales. Debido a la dificultad para encontrar y cazar manatíes, el número atrapado anualmente se considera pequeño (Campbell e Irvine 1975 información no publicada). Cerca de Nizao, se registraron tres episodios de manatíes atrapados en redes (Belitsky y Belitsky 1980). Los manatíes son frecuentemente vistos y ocasionalmente atrapados de forma accidental en las redes de pescadores en la Bahía de Samaná (Lefebvre et al. 1989). Se han reportado algunos casos de colisiones con botes (Secretaría de Estado de Agricultura 1993 información no publicada).
Legislación Nacional y medidas de conservación
Los manatíes en la República Dominicana son protegidos por la Ley de Pesca 5914 (artículo 45) de 1962 y el país ha sido signatario de CITES desde 1987 (Secretaría de Estado de Agricultura 1993 información no publicada). Sin embargo, la República Dominicana todavía no ha firmado el Protocolo SPAW. Durante el pasado año, Prospectiva Ambiental Dominicana, una organización no gubernamental, ha estado desarrollando un Proyecto de Conservación para los Manatíes y Tortugas Marinas que incluye reconocimiento aéreo, recolección de datos de observación de manatíes y de cadáveres, además de la distribución de afiches educativos (P. Brandy 1993 en literatura., Secretaría de Estado de Agricultura 1993 información no publicada).
Guayana Francesa
Estado y distribución
La especie se considera rara pero no se ha hecho ninguna encuesta ni reconocimientos aéreos en la Guayana Francesa y no existe información sobre el estado de la población en el país (Sanite 1993 en literatura). El hábitat favorable es escaso debido a las planicies costeras angostas (Bertram y Bertram 1963). Pescadores brasileños informaron haber visto manatíes en los ríos Approuage, Mahury, Laughan y el Ministerio para el Medio Ambiente ha informado sobre capturas incidentales en los estuarios de los ríos Cayenne y Iracoubo, además del río Mahury (Sanite 1993 información no publicada).
Amenazas principales y problemas de la conservación
La principal amenaza a los manatíes en la Guayana Francesa es la muerte por ahogo, como resultado de capturas incidentales en las redes de los pescadores (Sanite 1993 información no publicada).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
En el pasado, los manatíes eran cazados por Amerindios y Criollos, pero dicha actividad ha sido marginalizada debido a la escasez de la especie.
Legislación nacional y medidas de conservación
En la Guayana Francesa el manatí está totalmente protegido por un decreto interministerial de 1986. Francia es Parte del Convenio CITES desde 1978 y ha firmado el Protocolo de SPAW. Recientemente se ha aprobado, un proyecto para la identificación de la distribución actual del manatí en el país, el que consiste en entrevistar a los pescadores locales. Un observador viajará en los botes pesqueros para ayudar con el cálculo del tamaño de la población, y a los barcos de la Marina Francesa se les pedirá informar de las observaciones y registros de manatíes. En el mes de junio de 1992, se imprimió un folleto informativo sobre los mamíferos de la Guayana Francesa pero éste país no cuenta con un programa activo de educación para la preservación del manatí en especial (Sanite 1993 información no publicada).
Guatemala
Estado y distribución
Se dice que los manatíes en Guatemala han disminuído tremendamente en números, entre 1500 y 1800, debido a la caza comercial, y a la pesca por deporte y para la subsistencia hasta 1960. El hábitat parece ser bueno para los manatíes en la gran mayoría de las áreas de Guatemala, sin embargo, las recientes observaciones indicaron que la población es pequeña y que las pocas muertes que ocurren anualmente puede que mantengan el nivel bajo.
Los manatíes en Guatemala se encuentran principalmente en ecosistemas de agua dulce en Río Dulce (El Golfete, Río Chocon-Machacas, Lago De Izabal. Río Polochic y Río Oscuro). Números más reducidos se encuentran en la corta costa Caribeña (Bahía de Amatique, Bahía de la Graciosa y Punta Manabique), Río Sarstún en el límite con Belice, Canal de los Ingleses (Canal Chapin), y Río Matagua cerca del límite con Honduras (Janson 1978, Ackerman 1992, Quintana 1993). Un vuelo único de 6 horas en 1976 produjo un registro de sólo 1 manatí (Lefebvre et al. 1989). En 1991, 9 manatíes fueron observados en un reconocimiento sobre la costa del Caribe y el sistema de los Ríos Dulce, Sarstún y Motagua. Un reconocimiento aéreo completo cubriendo la costa Atlántica y el complejo del Lago Izabal y el Golfete durante 4 meses en 1992 (enero, marzo, abril y mayo) registró un conteo total de 73 manatíes (incluyendo 7 juveniles) en un reconocimiento de 40 horas, resultando en un cálculo de + 44 manatíes en el país (Quintana 1993). El porcentaje de juveniles es comparable al valor derivado de la creciente población del Río Cristal (Rathbun et al. 1983b). Los manatíes fueron observados más frecuentemente en el Lago de Izabal, particularmente en el área suroeste entre Punta Chapin y Cayo Padre, donde la vegetación, los canales y lagunas llanas son abundantes y el tráfico de embarcaciones es reducido. En la ensenada de Cayo Padre se observan con frecuencia juveniles y episodios de apareamientos han sido registrados en Punta Chapin. El Golfete puede representar sólo un corredor entre el Lago de Izabal y el área marina. La presencia de los manatíes en este último tiende a aumentar durante el invierno (mayo) cuando la salinidad disminuye (Quintana 1993).
Amenazas principales y problemas de la conservación
El tráfico de embarcaciones, la caza ilegal, el uso ilegal de redes de cerco en los lagos y la contaminación por residuos de plaguicidas son las principales amenazas para la supervivencia de los manatíes en Guatemala. Hay varios informes de manatíes que han sido golpeados por los botes o que han muerto en redes agalleras, en los últimos años. El Golfete es un área de intenso tráfico de botes turísticos entre Río Dulce y Livingston (Quintana 1993). La pesca con redes de cerco es muy común en el área, afectando principalmente a las crías. Los indios pescan generalmente desde canoas piraguas usando redes agalleras o atarrayas de monofilamento de 100-300 km (Ackerman 1991, 1992 información no publicada). La carne de manatí es ofrecida en varios mercados ocasionalmente; las multas que se les imponen a los cazadores son insuficientes para desanimar la infracción, ya que los precios demandados por la venta ilegal compensan la ofensa. Una compañía de petróleo y el aumento en el tráfico de embarcaciones podrá alterar la distribución del manatí en el área.
Legislación nacional y medidas de conservación
Los manatíes son protegidos aún más por el Acuerdo Presidencial de 1959 por el que se declara que la caza de manatíes es ilegal (Quintana 1993), sin embargo, la imposición no tiene mucho efecto en las remotas aldeas indias (Ackerman 1991 información no publicada). Guatemala es Parte del Convenio CITES y es signatario del Protocolo SPAW. Guatemala creó la primera reserva designada para manatíes en la América Central y Suramérica, el Biotopo para la Conservación del Manatí Chocón-Machacas, en El Golfete, Izabal en 1979 (Lefebvre et al. 1989). Con sus numerosas lagunas, bordes de playa llenas de vegetación y ríos serpentinos, el Biotopo constituye un excelente lugar para la protección de los manatíes y provee considerable conciencia tanto a los nacionales como a los turistas, acerca de los manatíes y el medio ambiente. Sin embargo este esfuerzo puede que sea muy pequeño para incluir todos los movimientos de los manatíes en las distintas épocas y los registros de los mismos en la reserva son muy pocos (Ackerman 1992 infromación no publicada). Además, el Río Dulce - de Lago de Izabal hasta el océano - y El Golfete reciben algo de protección como Parque Nacional desde 1955.
Guyana
Estado y distribución
No existe información reciente sobre el estado de la población y distribución y no se han iniciado los reconocimientos aéreos. Bertram y Bertram (1963) calcularon que la población de manatíes en Guyana era de miles, pero que se habían reducido de niveles anteriores. Los manatíes son más comunes a lo largo de las costas ribereñas, especialmente en las áreas húmedas de la sabana v.g. Ríos Canje, Abary y Berbice), o cerca de aguas contenidas por el flujo de canales de drenaje desde las plantaciones en los ingenios de azúcar de Buxton, Leonora, Uitvulgt y Airy Hall. Los manatíes en el océano son más propensos a viajar entre los ríos (Bertram y Bertram 1963, 1964, 1973). En la región noroeste de Guyana y el límite con Suriname (área del Río Courantyine ) contiene los números más elevados (Bertram y Bertram 1963). Se han registrado manatíes en los ríos Arapiako, Akawini, Wuini, Barima, Sebai y Kiatuna. A veces son vistos en el río Demerara y ocasionalmente en la desembocadura del río en Georgetown (Bertram y Bertram 1973).
Amenazas principales y problemas de la conservación
Bertram y Bertram (1963, 1964) notaron un aumento de canoas piraguas motorizadas y otros botes motorizados y sugirieron que esto estaba restringiendo la distribución de los manatíes. No existe caza organizada de manatíes en Guyana, aunque son capturados cuando se presenta la oportunidad (Bertram y Bertram 1963). Algunas muertes ocurren cuando los manatíes quedan atrapados en las redes pesqueras (Lefebvre et al. 1989).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
Los manatíes han sido experimentalmente usados como agentes biológicos para controlar el crecimiento de vegetación no deseable (Alsopp 1960, Bertram y Bertram 1963, Consejo de Investigación de Ciencias Nacionales de Guyana y la Academia Nacional de Ciencias 1973), sin resultados concluyentes.
Legislación nacional y medidas de conservación
La especie ha sido totalmente protegida desde 1956 por la ordenanza de Pesca No. 30, revisada en 1961 (Regulaciones de Pesca, Control del Manatí) (Bertram y Bertram 1963, Lefebvre et al. 1989). Guyana es Parte del Convenio CITES pero aún no ha firmado el Protocolo SPAW.
Durante un Seminario de especialistas sobre el Manatí en 1974, fue propuesto el establecimiento de un Centro Internacional para la Investigación y Conservación del Manatí, en Georgetown (Consejo de Investigacion de Ciencia Nacional 1974). No existe información disponible sobre los programas de conservación actuales.
Haití
Estado y distribución
El hábitat óptimo para los manatíes existe a lo largo de la costa de Haití, sin embargo, muy pocos animales (cerca de 8), fueron vistos durante un reconocimiento aéreo completo en 1982. Estos, se encontraban en una de estas áreas o desplazándose entre ellas en una porción muy restringida de la costa oeste entre Montrouis y Gonaives (Rathbun et al. 1985). Las entrevistas con los residentes locales indicaron que el número de manatíes en Haití ha disminuido dramáticamente en los últimos 50 años hasta el punto que los registros y la caza intencional son raros. En la última parte de los años 70, se consideraba que la Bahía de Jacmel contenía una población de manatíes (Rathbun et al. 1985).
Amenazas principales y problemas de la conservación
La amenaza principal a la supervivencia de los manatíes es el peligro de enredarse accidentalmente en las redes de los pescadores, específicamente en las redes barrederas de playa.
La importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
A pesar del muy reducido número, puede que los manatíes en Haití, representen una fuente de proteína para los habitantes extremadamente pobres.
Legislación Nacional y medidas de conservación
En un país de extrema pobreza, el apoyo para la conservación del manatí se halla limitado a lo mínimo. No existe ningún programa de educación en el país y la agencia gubernamental para la vida silvestre no tiene el personal o equipo para imponer la legislación. Haití no se ha suscrito al Convenio CITES ni al Protocolo SPAW.
Honduras
Estado y distribución
La población de manatíes en Honduras, se dice que fue muy abundante en la última parte del siglo XIX (Husar 1977) pero ha ido disminuyendo en las últimas decadas. Persisten en los humedales de las extensas planicies costeras de Honduras (Cerrato 1993 información no publicada) donde encuentran fuentes de agua dulce, protección del mar abierto y abundante vegetación. Tales áreas incluyen ríos y lagunas al este y al oeste de La Ceiba, ríos al este de Trujillo, y ríos y lagos de la Mosquitia en la región oriental de Honduras (Klein 1979, Tarhbun et al. 1983 información no publicada). La última consiste en el área de tierras húmedas más grande en América Central y contiene la Reserva de Biosfera Río Plátano; representa el hábitat potencial más grande y el área menos poblada y desarrollada del país. Se dice que los manatíes se encuentran en las lagunas de Brus, Ibans, Rapa, Guarunta, Biltamaira, Tibalaca, Siksa, Tansin y Caratasca (Klein 1979, Rathbun et al. 1983a, Cerrato 1993 información no publicada). No hay registros recientes de manatíes en las Islas de la Bahía (Klein 1979, Rathbun et al. 1983a, Cerrato 1993 información no publicada). Las importantes áreas de manatíes al este de La Ceiba son el Río Aguan y las adyacentes lagunas el Lirio y Guaimoreto; los manatíes al oeste de La Ceiba habitan desde El Porvenir hasta el estuario de Zambuco del Colorado y desde el Río Lean hasta el estuario del río Chamelecon (Cerrato 1993 información no publicada). Durante la época seca (de noviembre a abril) muchos ríos y lagunas pueden quedar encerrados y sin salida al mar, atrapando a los manatíes dentro (Rathbun y Powell 1979 información del viaje no publicada).
Rathbun et al. (1983) llevaron a cabo un reconocimiento aéreo además de entrevistas con residentes locales en 1979 y 1980, determinando que el número de manatíes en el país era bajo. Un reconocimiento completo de 13 horas en la costa Atlántica y en la mayoría de las aguas internas dió como resultado un conteo de 11 animales, la gran mayoría de ellos en los ríos y lagunas costeras (costa cerca de Zambuco, Laguna de Boca Cerrada, Laguna de Tansin y la desembocadura de los Ríos Lecan, Río Cuero, y el Río Salado) (Rathbun y Powell 1979 información no publicada). Durante el reconocimiento se registró un alto porcentaje de juveniles. Cerrato (1993 información no publicada) calcula la población de manatíes en Honduras entre 120 y 140 individuos, basándose en los reconocimientos aéreos y en bote, además de entrevistas con pescadores y residentes locales. Se dice que las poblaciones principales están a) en el área entre el Río Chamalecon y Punta Sal,; b) en el área entre el Río Zambuco-Colorado y El Porvenir; c) en las lagunas Bacalar, Ibans y Brus y Río Platano; d) en la Laguna Caratasca (Cerrato 1993 información no publicada).
Amenazas principales y problemas de la conservación
Hasta los años 80 se continuó con una gran caza ilegal (Lefebvre et al. 1989) pero la caza de los manatíes con arpón ha disminuido en importancia en los últimos 10 años como resultado de medidas de protección y el establecimiento de áreas protegidas. En la actualidad, las principales amenazas que enfrentan los manatíes en Honduras, son el amplio uso de redes de pesca, la pérdida del hábitat y posiblemente el uso de contaminantes industriales y agrícolas. Las redes agalleras, extendidas perpendicularmente a la playa, han sido un peligro serio para los manatíes desde que aparecieron en Honduras en los años 60. Rathbun y Powell (1979 información del viaje no publicada) describen instancias en que las redes cerraban las desembocaduras de muchos ríos y lagunas.
Se sospecha que los plaguicidas y contaminantes pueden estar impactando perjudicialmente las poblaciones de manatíes en Honduras, aunque no se han hecho estudios sobre esto. La cuenca de Sula (especialmente en la desembocadura de los ríos Ulua y Chamelecon), en la proximidad del Parque Nacional Punta Sal, se considera como una de las áreas mas afectadas. La disminución del número de manatíes ha sido atribuida, según la opinión de los lugareños, al aumento de canoas piraguas con motores diesel a bordo ("tuk-tuks") (Klein 1979).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
Es probable que los Indios Misquitos (residentes indígenas de La Mosquitia) y Garífunas (negros procedentes del Caribe) siempre hayan realizado cacería de baja intensidad de manatíes hasta pasada la primera mitad de este siglo, usando los métodos tradicionales (Kelin 1979, Rathbun et al. 1983, Cerrato 1993 información no publicada). Los artefactos u ollas de barro pre-colombinos encontrados en las tierras húmedas del actual Refugio de Vida Silvestre, sugieren que los manatíes eran parte de la vida diaria de los primeros habitantes de Honduras. Se dice que los manatíes influyen sobre el control del crecimiento de las plantas acuáticas en los ríos, canales y lagunas costeras (Cerrato 1993 información no publicada).
Legislación nacional y medidas de conservación
El Artículo 49 del Decreto de Pesca (Decreto No. 154 de 1959) provee protección total a los manatíes en Honduras, prohibiendo la captura de los manatíes o el comerciar con sus productos. Sin embargo la imposición de las leyes es muy débil, debido a la falta de personal y difícil acceso a las áreas remotas. Honduras es Parte del Convenio CITES pero aún no ha firmado el Protocolo SPAW.
El Refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado, protegido por ley y apoyado por la Fundación Cuero y Salado (uno de los grupos privados mas fuertes, en pro de la conservación en Honduras y con sede en La Ceiba), fue creado específicamente con el propósito de preservar el manatí. Este concede el 100% de protección a los manatíes del área y además mejora la concientización de los pobladores locales. Punta Sal, a 40 kms. del este de Cuero y Salado y sus lagunas costeras, han sido recientemente declarados como parque marino nacional. Algo de protección es provista por la Reserva Biosfera de Río Plátano, en la Laguna Ibans (Cruz 1991 en literatura, Cerrato 1993 información no publicada).
Jamaica
Estado y distribución
Se ha opinado que la población de manatíes en Jamaica, disminuyó en toda la isla en las décadas de los 60 y 70 (Crombie 1975 información no publicada, Powell 1976 información no publicada). En un reconocimiento aéreo desde St. Mary a St. Elizabeth, en 1976, Powell (1976 información no publicada), observó un sólo manatí en Alligator Reef, en la cercanía del departamento de Manchester. Entre mayo de 1981 y abril de 1982 se hicieron trece reconocimientos aéreos por toda la isla (Fairbairn y Haynes 1982), y nuevamente en febrero de 1983 (Hurst 1987, Brown 1993 información no publicada) por el Departamento para la Conservación de los Recursos Naturales (ahora NRCA), la que reveló una distribución desigual. La mayoría de los registros fueron en las áreas de aguas someras de la costa sur al oeste de Kingston. Los números más altos se observaron, en orden decreciente, en las cercanías de los departamentos de St. Elizabeth y Manchester y en Portland Bight, en la cercanía del departamento de St. Catherine y Clarendon. El conteo máximo de cualquier reconocimiento fue 13 individuos (Fairbairn y Haynes 1982). Dos reconocimientos aéreos han sido hechos por la Autoridad para la Conservación de los Recursos Naturales desde entonces. Entre el 6 de marzo y el 12 de junio de 1991, sólo 2 adultos fueron vistos en la cercanía de la costa, próximo a la Bahía Alligator Pond, en Clarendon; desde el 10 al 11 de abril de 1993, se vieron 8 manatíes (1 en la Bahía Manatí, en St. Catherine, 6 en Morant Bay, St. Thomas y 1 en la Bahía Salt Creek en Portland). No se observó ningún juvenil (Donaldson en 1993 en literatura). Los registros de manatíes son mas frecuentes en Treasure Beach (departamento de St. Elizabeth), Alligator Pond (departamento de Manchester), Farquhar's Beach (departamento de Clarendon), Falmouth (Trelawny), Bloody Bay (Hanover), Morant Bay (Portland) y Priory (St. Ann). Aunque eran vistos commúnmente en la década de los 70, no se han visto manatíes recientemente en el área de Black River (Lefebvre et al. 1989).
Amenazas principales y problemas de la conservación
Las actividades relacionadas con los humanos (caza para la alimentación, y la captura en los enseres para la pesca), constituyen la mayor amenaza a los manatíes de Jamaica. Un aumento en el número de pescadores debido a la alta tasa de desempleo, asociado con la destrucción de los manglares costeros y las praderas marinas que ha resultado en una disminución en las existencias de peces. En las areas mas económicamente deprimidas, los residentes se dedican a la caza del manatí (NRCA 1993 información no publicada), usando arpones y dinamita. Shaul y Haynes (1986), estimaron que anualmente son ultimados 3 manatíes, y por lo general en las áreas más deprimidas de la costa sur como en el departamento de St. Elizabeth, entre Parottee Point y Black River (Hurst 1987). Sin embargo, debido a que son relativamente raros, los manatíes son capturados cuando se presenta la oportunidad y no son activamente perseguidos (Powell 1976 información no publicada). La gran mayoría de las muertes de manatíes se debe al enredo incidental o causado intencionalmente, en las redes agalleras (NRCA 1993 información no publicada). En 1976 Powell (información no publicada) identificó redes agalleras extendidas perpendicularmente a la playa como la fuente de problemas para los manatíes de Jamaica. Estas redes fueron vistas en todas las áreas consideradas como hábitats apropiados para los manatíes, durante el reconocimiento aéreo en 1993 (Donaldson 1993 en literatura). Hurst (1987) informó sobre muertes de manatíes debido a las redes traineras o de cerco paralelas a la costa en Long Bay, costa sur de Jamaica. Las redes de rastreo vertical y las redes de cerco son las causantes del 23% de las capturas totales en Jamaica (NRCA 1993 información no publicada). A pesar de la protección, los manatíes son capturados en las redes agalleras y en las redes ce cerco y la carne es vendida ilegalmente a los lados de los botes en la playa, donde se exige un precio más alto que el del pescado o langostas (NRCA 1993 información no publicada).
La degradación y contaminación también pueden estar afectando la distribución de manatíes en Jamaica, las aguas negras sin tratamiento, los desechos industriales y la afluencia agrícola y urbana, son descargados en el puerto de Kingston y en los ríos Cobre y Duhaney; el Río Cobre también recibe aguas servidas de fábricas de bebidas y los ríos Black y Cabarrita reciben aguas servidas de la industria azucarera; otra variedad de ríos se estan entarquinando debido a la deforestación de las cuencas hidrográficas. Los buques petroleros lavan sus tanques cerca de Port Esquivel (adyacente a la planta eléctrica de Old Harbour) donde un derrame de petróleo de una tubería de almacenaje, destruyó 5 acres de pastos marinos en 1984. En Port Kaiser el pasto marino es ahogado por el metal derramado de la bauxita (Brown 1993 manuscrito no publicado). Los pastos marinos en la costa, también han sido afectados por la contaminación termal e industrial, el entarquinamiento y el dragado; poniendo en peligro las fuentes de alimentos de los manatíes (NRCA 1993 información no publicada). Además los proyectos de desarrollo agrícolas y en la zona portuaria, han reclamado los pantanos de manglares en St. Catherine, en el Puerto de Kingston y en Montego Bay (NRCA 1993 información no publicada). El uso de explosivos como medio para capturar los peces ha causado pérdida de algunos humedales costeros (NRCA 1993 información no publicada) y es una amenaza potencial a los manatíes.
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
Los manatíes fueron usados en tiempos precolombinos (900-1000 AD) en la costa sur por los Indios Arahuacos (Hurst 1987) y por los Amerindios en el Siglo XV y primera parte del Siglo XVI (Baughman 1946). En el pasado, el área del Río Alligator Hole fue usado como matadero y sitio para cocinar los manatíes (Hurst 1987).
Legislación nacional y medidas de conservación
En Jamaica, los manatíes son considerados como especie vulnerable y en peligro de extinción (Hurst 1987). Han sido protegidos desde 1971 por el Acta de Protección de la vida silvestre que estipula multa de J$10,000.00 o 12 meses de encarcelamiento a los culpables. Aunque los pescadores están conscientes de la legislación, el cumplimiento de la misma es inadecuado (Donaldson 1993 en literatura). Jamaica se suscribió al Protocolo SPAW pero no es Parte aún del Convenio CITES.
En 1991, fue realizado por toda la isla, un programa educativo público, que tuvo énfasis en los departamentos del sur, como parte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Proyecto del Gobierno de Jamaica para los Manatíes. El programa fue dirigido a los estudiantes de escuelas primarias y secundarias, a los maestros y pescadores y consistió en la distribución de panfletos, afiches y marbetes engomados para los parachoques (NRCA 1993 información no publicada). Las organizaciones no gubernamentales, con frecuencia llevan a cabo charlas para los pescadores y otros grupos, acerca de los manatíes y asuntos sobre el medio ambiente (Donaldson 1993 en literatura). Cuatro manatíes hembras (de las cuales tres fueron confiscadas a pescadores), fueron puestas en libertad en el Río Alligator Hole, Canoe Valley, en el departamento de Manchester, entre 1981 y 1986, con la intención de publicar y fomentar la investigación y conservación (Operación Vaca del Mar) (Hurst 1987). La capacidad de alimento del Río Alligator Hole fue calculada (NRCA 1993 información no publicada) y fue establecido un programa en 1993 para tratar de aumentar la cubierta de vegetación en esa área, que pudiera sostener las necesidades de los manatíes cautivos (Donaldson 1993 en literatura). Se ha producido un Plan de Gestión para el Manatí, señalando las estrategias de gestión para el Manatí Antillano en Jamaica (Brown 1993 manuscrito no publicado).
México
Estado y distribución
En un país con uno de los hábitats potenciales más importantes para los manatíes, y donde las especies solían estar distribuidas ampliamente, los números han sido reducidos (Husar 1977, Campbell y Gicca 1978) debido a la creciente población humana y todas las actividades asociadas a ésta (Colmenero 1991) .
Los manatíes se encuentran a lo largo de la costa sureste de Nautla, Veracruz, hasta la parte sureña de Quintana Roo; sin embargo, sólo en los sistemas de tierras húmedas en el estado de Tabasco y en las bahías y riachuelos costeros a lo largo de la costa oriental del estado de Quintana Roo, se encuentran en números razonablemente abundantes (Colmenero 1984, Colmenero 1991, Colmenero y Hoz 1986, Colmenero y Zárate 1990, Lefebvre et al. 1989, Morales y Olivera 1992). Los manatíes se encuentran en Quintana Roo durante todo el año aumentando en pendiente del norte al sur y con la mayor concentración (89-93% de la población del estado) en la Bahía Chetumal, Laguna Guerrero y Río Hondo (Colmenero et al. 1988, Morales y Olivera 1992). La información preliminar sobre los movimientos especiales de los manatíes en la Bahía de Chetumal (Colmenero y Zárate 1990, Zárate 1993) y el conocimiento de los movimientos de los manatíes en Florida (Rathbun et al. 1983b) apoya la opinión que la población cruza la frontera política al vecino Belice. Tabasco contiene una importante población en el área de los ríos Grijalva y Usumacinta y los tributarios (v.g., los ríos San Pedro, San Pablo, San Antonio, Chilapa y González), más las lagunas adyacentes (Colmenero y Hoz 1986, Colmenero et al. 1990). Contrario a Tabasco, la población de Chiapas es bien reducida, restringida a la Laguna de Catajaza y a las lagunas interiores cerca de Emiliano Zapata (Colmenero y Hoz 1986, Colmenero et al. 1990). En Campeche los manatíes se encuentran presentes en varios sistemas de agua dulce conectados a la Laguna de Términos (v.g., Río Palizada-Laguna del Este hacia Boca Chica; Río del Este-Lagunas de Atasta, Pom; Río Chumpan-Balchacah y río Candelaria-Panlau), pero los registros para el área de la costa son muy escasos (Campbel y Gicca 1978, Colmenero y Hoz 1986). En las lagunas adyacentes al río de Soto (La Marina) y Río Panuco (Tamaulipas) y Laguna Chairel (Lazcano-Barrero y Packard 1989, Colmenero et al. 1990, Colmenero 1991). En Veracruz, la población también es escasa y existen en lagunas interconectadas con el Río Nautla y tributarios del Río Papaloapan (Colmenero y Hoz 1986, Colmenero et al. 1990, Colmenero 1991). Los manatíes son escasos en la Península norte de Yucatán y norte de Quintana Roo, donde los animales que se encuentran son, en su mayoría, migratorios (Gallo 1983, Colmenero y Zarate 1990, Colmenero 1991). Grandes bahías de la parte central de Quintana Roo contienen principalmente individuos aislados o pequeños grupos (Colmenero et al. 1988).
A nivel nacional, la única información sobre el tamaño de la población es de Heinsohn's (1976) quien sobre estimó 5.000 manatíes. Sin embargo, se piensa ahora que la población total de manatíes en México varía entre 400 y 800 animales. El tamaño de la población de manatíes en Quintana Roo se calcula en 110 individuos (Colmenero et al. 1988). Los cálculos para la Bahía de Chetumal, varían entre un mínimo de 60 (Zárate 1993) y un promedio de 83.3 (fluctúan entre 71 y 95) (Morales y Olivera 1991). La Bahía de Chetumal ha sido propuesta como una de las áreas de mayor importancia para el apareamiento y para los juveniles, en el Caribe occidental (Morales y Olivera, 1992) debido a que el porcentaje de juveniles varía ente 5.0 y 12.4% durante los estudios realizados (Morales y Olivera 1992, Zárate 1993). Arriaga y Contreras (1993, mencionado en el informe no publicado de Morales y Olivera 1993), identificaron 9 áreas de distribución de manatíes en Tabasco, 4 de ellas con más de 10 animales, de acuerdo con la información de pescadores locales.
Amenazas principales y problemas de la conservación
El acelerado desarrollo a lo largo de las costas del Golfo de México y en los sistemas de agua dulce de Campeche, Tabasco y Veracruz, es causa de preocupación para el futuro de los humedales. Los hábitats se están perdiendo a lo largo del área costera; nuevas areas se estan desarrollando para el turismo, para la mejora de las zonas urbanas y las actividades pesqueras (Morales 1993 en literatura) y tanto en México como en Belice, existen muchos planes para el desarrollo urbano en el área de Chetumal, los cuales, sin lugar a dudas, afectarán la población de manatíes (Morales y Olivera 1992). La construcción de algunas carreteras ha alterado el flujo de agua dulce a la Bahía de Chetumal, Río Hondo y Laguna Guerrero, que son importantes áreas para los pares de madre y cría. Otra carretera esta proyectada para que pase sobre un cuerpo de agua que suministra agua dulce a un área importante de manatíes, en la costa sur de la Bahía de Chetumal (Morales y Olivera 1993 información no publicada). En las últimas 2 décadas, Quintana Roo ha sufrido rápidos cambios en su área costera (Salazar-Vallejo 1992 citado en el informe no publicado de Morales y Olivera 1993). Una gran porción del área entre Cancún y Chetumal está programada para desarrollos masivos orientados al turismo, causando gran preocupación sobre cómo el futuro desarrollo afectará los recursos naturales, particularmente los humedales. El crecimiento de la población es constante en puntos de importancia, tales como Río Hondo, Bahía de Chetumal y Bahías en Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an (Morales, comentarios personales). Importantes ensenadas para los manatíes en el corredor Cancún-Tulum han sido alteradas, tales como caleta de Xel-Ha (Gallo 1983) y Xcaret, que actualmente son parte de un centro turístico (Morales y Olivera 1993 información no publicada). Colmenero y Hoz (1986) sugieren que los manatis desaparecieron del Rio Papaloapan y de la Laguna Alvarado (Veracruz) como resultado de la construcción de la represa Miguel Alemán, en la cuenca del Papaloapan.
Ha habido varios registros de colisiones con botes y muertes debido a que los animales se enredan incidentalmente en las redes de pesca. Las redes agalleras extendidas a través de los ríos Usumacinta, Chacamaz y Palizada, por largos períodos de tiempo. interfieren con el movimiento de los manatíes y afecta sus actividades de alimentación y reproducción (Colmenero y Hoz 1986, Morales y Olivera 1993 información no publicada). Es posible que las colisiones con botes estén ocurriendo con los botes motorizados de la Armada, que viajan desde la desembocadura del Río Hondo hasta la desembocadura del canal a la Laguna Bacalar, áreas éstas utilizadas por los manatíes (Colmenero et al. 1988).
El uso extenso de plaguicidas en las plantaciones de ají chile y en los cañaverales, cerca del Río Hondo y otros cuerpos de agua tanto en México como en Belice, son un peligro potencial para los manatíes (Morales 1993 información no publicada, Morales y Olivera 1993 información no publicada). Muchas industrias del petróleo en Tabasco, pueden causar la contaminación del agua (Colmenero 1991). Se dice que los manatíes han desaparecido de los ríos Coatzacoalcos y Papaloapan debido a la contaminación y al tráfico de botes (Colmenero 1991). La ciudad de Chetumal no tiene un sistema de alcantarillado adecuado y se descarga buena cantidad de aguas servidas de las viviendas, en la Bahía de Chetumal (Morales y Olivera 1993 información no publicada).
La caza ha sido siempre la mayor amenaza a la supervivencia de los manatíes en México, hasta tiempos recientes. Sin embargo, ya no se les mata en números significativos, en la desembocadura del Río Hondo y Bahía de Chetumal. En los últimos cuatro años, se informó de seis manatíes que habían sido muertos en el área de Chetumal y Río Hondo (Morales et al. 1993, información no publicada). La cacería para la subsistencia y para el comercio aún persiste en áreas de Veracruz (Nautla, Minatitlan y Cosamaloapan) y en Campeche (Colmenero et al. 1990). En Quintana Roo y otros estados sureños, las costillas de manatí todavía son utilizadas en la industria artesanal. Las figurillas y las joyas de hueso son vendidas hasta por US$500.00 en lugares como Chetumal, Cozumel, Playa del Carmen y Mérida (Morales y Olivera 1993 información no publicada).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
Los Mayas usaban el manatí como un símbolo de gran significado para sus pueblos en la vida diaria (Landa 1941, Bradley 1983, McKillop 1985). El uso principal del manatí era como fuente de carne para la subsistencia. Sin embargo, se dice que la carne y los huesos también tienen propiedades medicinales y la grasa se usa para cocinar (Colmenero et al. 1988). En varios lugares de México, el manatí, hasta hace poco, era considerado como "pescado de carne blanca" de un valor tradicional y el cual debería ser respetado fuera de la Semana Santa. Algunos les dan importancia especial para "ahondar" los ríos y mantenerlos libres de plantas que interfieren con el tráfico de los botes (Colmenero y Hoz 1985).
Legislación nacional y medidas de conservación
Los manatíes en México fueron protegidos por primera vez en 1921 y 1925, cuando la cacería se declaró ilegal bajo la Ley de Pesca. En octubre de 1981, el Departamento de Pesca prohibió la comercialización de cualquier producto derivado del manatí. Los manatíes en México son clasificados como "sujetos a protección especial" por la Secretaría de Desarrollo Social. La nueva ley de pesca de la Secretaría de Pesca, ratifica la prohibición de la caza del manatí y estipula multas entre 2001 y 20.000 pesos mínimo para los culpables y el Calendario Cinegético (calendario de cacería), mantiene su estado de protección total. México se ha suscrito al Convenio CITES pero no ha ratificado el Protocolo de SPAW (Morales 1993 informe no publicado).
Una propuesta se está presentando al Gobierno de México para declarar la Bahía de Chetumal como refugio de manatíes (Morales 1993 en literatura). La iniciativa CIQRO, ha recibido apoyo de otras 12 instituciones de áreas de la investigación, de imposición de las leyes, la educación, la comunicación, el turismo, la pesca y el gobierno (Morales y Olivera 1993 información no publicada). Tabasco tiene una población importante de manatíes dentro de la Reserva Biosfera de Pantanos de Centla; y algunos manatíes también reciben protección en la Reserva Sian Ka'an.
Colmenero (1991) elaboró un plan de rescate para el manatí Antillano en México e identificó acciones prioritarias a ser tomadas para el manejo del manatí en el país. La conservación del manatí se encuentra entre las actividades apoyadas por la Sociedad Mexicana para el Estudio de Mamíferos Marinos (SOMEMMA, A.C.) (Morales y Olivera 1993 información no publicada). En un seminario dirigido por CIQRO en septiembre de 1992, los representantes de Belice, México y los Estados Unidos analizaron la situación regional e hicieron recomendaciones para las prioridades de investigación y de conservación para Quintana Roo y Belice (Morales et al. 1992). Una propuesta mixta para un programa piloto de localización por radio en Belice y México ha sido sometido a las agencias de respaldo.
Hasta ahora los programas educativos se llevan a cabo únicamente al nivel local por CIQRO en el sur de Quintana Roo y la Universidad Veracruzana en Xalapa para el área de Coatzacoalcos y Papaloapan (Veracruz) (Colmenero 1991). Durante los meses de septiembre y octubre de 1993, CIQRO debía llevar un programa ambiental sobre la biología del manatí y la importancia de su preservación, a 70 escuelas primarias y secundarias en la vecindad de la Bahía de Chetumal. El mensaje ambiental también se transmite a la población por medio de la televisión, radio y periódicos (Morales y Olivera 1993 información no publicada). La Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, completó recientemente la construcción del Centro de Investigaciones para la Conservación de Especies Amenazadas, que incluirá estudios de la rehabilitación de manatíes en cautiverio (Morales y Olivera 1993).
Nicaragua
Estado y distribución
Nicaragua posee uno de los hábitats potenciales más grandes de Centroamérica, constituído por lagunas costeras, ríos lentos y zonas de humedales, con abundante vegetación flotante y sumergida, además de extensiones de pasto marino. Dos reconocimientos aéreos preliminares de todos los ríos y lagunas en 190 kms. de la costa Miskito en la parte norte de Nicaragua, en 1992, reveló un sorprendente gran número de manatíes, con un total de 71 registros, constituyendo la tasa de registros más alta para la Cuenca del Caribe (Carr 1993 en manuscrito). Más del 90% de los manatíes (incluyendo 2 juveniles) fueron vistos en Bismuna, y Waunta, dos de las lagunas costeras más grandes (Carr 1993 en manuscrito). Los indios Misquitos y los pescadores de tortugas informan que los manatíes frecuentan el estuario de Laguna Perla y los Cayos Perla (Ryan 1990 información no publicada). Números bajos de manatíes pueden encontrarse en el Lago Nicaragua y en el límite con Costa Rica, en el Río San Juan (O'Donnell 1981).
Amenazas principales y problemas de la conservación
Las presiones económicas derivadas de una larga guerra civil están afectando el hábitat de lagunas costeras. En una sóla laguna costera (Waunta), 9 manatíes fueron muertos por un pequeño grupo de jóvenes pescadores, en un período de dos semanas en febrero de 1992. Este incidente puede que haya sido ocasionado por personas ajenas a la región, con interés en las oportunidades de un video. La carne fue distribuida localmente y todos aquéllos que la comieron, informaron haberse enfermado (Carr 1993 en manuscrito). No hace mucho tiempo, en enero de 1993, el mismo grupo de pescadores mató 11 manatíes en la misma laguna. Esta vez no se reportó ningún efecto secundario después de comer la carne (Carr, comentarios personales).
El sedimento debido a la deforestación tierra adentro y las prácticas de tala y quema pueden contaminar las áreas costeras. Algunas de las propuestas que no son ambientalmente apropiadas, incluyen la descarga de desechos tóxicos, excavación de arena a lo largo de la costa, los pescadores de camarones cubanos y los pescadores jamaiquinos que utilizan trampas (Velador spring 1993). Las redes agalleras fueron introducidas a la laguna de Pahara hace 10 años, pero los casos de manatíes enredados son mínimos (Carr 1993 en manuscrito).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
Los indios Rama habitan el Cayo Rama en la Laguna de Bluefields, al oriente de Nicaragua. El manatí es importante en la cultura Rama para la subsistencia y como símbolo de orden social así como para los Ramas mismos: su cacería, carnicería, distribución y consumo de la carne por la comunidad involucra conceptos de cooperación y solidaridad social. La palabra "palpah" significa manatí en los lenguajes Rama y Miskito (Loveland 1976). Cuando un niño Rama se convierte en hombre, debe pasar por el ritual de caza, hablándole a un manatí, y después matándolo.
Las entrevistas con residentes locales en dos aldeas de las lagunas Waunta y Pahara, indicaron que ellos no han cazado manatíes en las últimas 2 a 3 décadas, posiblemente debido a los bajos niveles de población de los mismos (Carr 1992, 1993 en manuscrito). Sin embargo, dos recientes episodios de caza en 1992 y 1993 han suscitado la preocupación acerca de que esas actividades pueden reactivarse si no se toman de inmediato medidas para prevenirlas.
Legislación nacional y medidas de conservación
El Decreto legislativo 306 de 1956, protege a los manatíes bajo la ley general de caza, Ley de Caza (Lefebvre et al. 1989); bajo esa ley en 1972, se les otorgó a esta especie una veda indefinida. La protección está además provista bajo del Decreto no. 625 de 1977, el cual prohibe la captura con fines comerciales o exportación de las especies de la vida silvestre en Nicaragua. Nicaragua es Parte del Convenio CITES desde 1977, pero aún no se ha suscrito al Protocolo SPAW.
La reserva marina, Reserva Biológica de la Costa Miskito (Reserva Marina y Costera Cayos Miskitos) creada en 1991 en la región norte de Nicaragua que está siendo implementada en la actualidad, incluye planes para la conservación del manatí (C. Espinosa 1993 en literatura), mediante un convenio de cooperación entre la Corporación de Conservación del Caribe y MARENA, el Ministerio de Recursos Naturales de Nicaragua.
Panamá
Estado y distribución
Aunque no se han hecho estudios sistemáticos, se piensa que las poblaciones de manatíes han disminuido en Panamá (Mou Sue et al. 1990). Panamá tiene la costa más extensa del Caribe en la América Central, pero el hábitat apropiado es limitado. El número total de los manatíes en el país puede que sea tan bajo como de 42 a 72 individuos (Mou Sue et al. 1990). Las poblaciones residentes de manatíes en Panamá parecen estar restringidas a dos áreas principales (Mou Sue et al. 1990): La Provincia de Bocas del Toro (específicamente las áreas de Changuinola y Chiriquí Grande), y en el sistema del Canal de Panamá, (incluyendo el Lago Gatún y los ríos asociados). En el área de Changuinola, los manatíes se encuentran en tres sitios principalmente: (a) Río San San, especialmente en su tramo inferior, lejos de las poblaciones humanas y del tráfico de embarcaciones; (b) Las Lagunas de Changuinola que se originaron del desvío del Río Changuinola por la compañía United Fruit Company, que usa las tierras bajas para plantaciones de bananas; (c) La Ensenada de Soropta (a 10 kms. del noroeste de la desembocadura del Río Changuinola), con praderas marinas y protección de arrecifes de corales (Mou Sue et al. 1990). En el área de Chiriquí Grande, se han observado manatíes en el Río Manantí, que es un río lento, rico en grandes extensiones de especies de Panicum, y que le debe su nombre a los manatíes, y en el Río Caña, incluyendo las Lagunas Jugli y Damani (Mou Sue et al. 1990). En el área del Lago Gatún y del Canal de Panamá, se encuentran pequeños números de manatíes (Montgomery et al. 1982, Mou Sue et al. 1990), a raíz, al menos en parte, de un proyecto de reubicación en los primeros años de la década de los 60 (MacLaren 1967). Muizon y Domning (1985) especularon que los manatíes habían llegado a la costa del Mar Pacífico cruzando por el Canal. De vez en cuando se observan los manatíes en Veraguas y Colón (Mou Sue et al. 1990). En Río San San y más específicamente en La Laguna La Olla, fue que se observaron manatíes, mas consistentemente durante los reconocimientos aéreos de sistemas separados de ríos, con énfasis en el área de Bocas del Toro. La alta proporción de crías observadas (15.7%), la gran mayoría en el Río San San, indica que la reproducción está tomando lugar en el área (Mou Sue et al. 1990).
Amenazas principales y problemas de la conservación
Aunque la caza ilegal se ha reducido en los últimos años, es todavía una gran amenaza a las pequeñas poblaciones de manatíes en Panamá, con capturas registradas en Río San San, Río Sixaola y probablemente en el Río Changuinola y sus alrededores, con la ocasional venta clandestina de la carne (Mou Sue et al. 1990).
La degradación del hábitat, por las actividades económicas puede que llegue a convertirse en el problema más serio para la supervivencia del manatí. El área más extensa para la cría de ganado en Panamá se encuentra entre los Ríos San San y Changuinola. Las extensas plantaciones de banano en la misma área, descargen aguas de drenaje con agroquímicos y plaguicidas que se vierten en las áreas costeras y especialmente en la parte superior de las Lagunas San San y Changuinola. La expansión de ambas industrias podría resultar en la tala y quema en la cuenca hidrográfica del área de Changuinola (Mou Sue et al. 1990).
En menor escala, el tráfico de los botes a motor en el Río San San (Mou Sue et al. 1990), representa una amenaza a la población de manatíes; hasta la fecha, sólo se registró la muerte de un manatí en el Lago Gatún (Mou Sue et al. 1990). Algunas amenazas potenciales adicionales incluyen (a) la exploración del depósito más grande de turba en la región del Caribe, localizado en Humedal de San San, cerca de la aldea de Changuinola; (b) la construcción de 6 represas proyectadas para los ríos Changuinola y Teribe, lo que aumentaría la turbidez y cambiaría el curso del agua hacia el Río San San; y (c) los proyectos alternativos para el Canal de Panamá (Mou Sue et al. 1990).
Importancia socioeconómica de la especie para las comunidades locales
Las excavaciones en el Cerro Brujo (en la Península de Aguacate), indicaron que los manatíes representaban una importante fuente de proteína para los aborígenes entre 500 y 900 AD. Después, los bucaneros abastecían sus barcos con carne de manatí de la Bahía Almirante y Bocas del Toro (O'Donnell 1981). Estatuillas y bastones de mando hechos de hueso de manatí fueron encontrados en las tumbas de las provincias centrales, y el hueso de manatí, en general puede que haya sido de mucha importancia comercial en los tiempos Pre-Colombinos (Lothrop 1937, Ladd 1964).
Legislación nacional y medidas de conservación
La ley Decreto no. 23 de 1967 para la vida silvestre, extiende protección a los manatíes y prohibe su caza, y la de otras especies; resolución no. -DIR-002-80 de 1980 del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Dirección Nacional de Recursos Naturales Renovables RENARE) que declara el manatí como especie en peligro de extinción. Sin embargo esta legislación no es efectiva y necesita revisión (Mou Sue et al. 1990). La pesca con redes agalleras, está prohibida en los ríos (Mou Sue et al. 1990). Panamá es Parte del Convenio para la Protección de Flora, Fauna y Bellezas del Panorama (1972) y del Convenio CITES (1977), así como signatario del Protocolo SPAW. La Dirección de Areas Protegidas y Vida Silvestre del Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables (INRENARE) y la Asociación Conservacionista CARIBARO, con el apoyo de Programas de Humedales de Panamá de la Union Mundial para la Naturaleza (UICN), ha propuesto el área de San San como sitio para Ramsar. Panamá es Parte del Convenio Ramsar (Mou Sue et al. 1990).
La Fundación de Parques Nacionales y Medio Ambiente (PA.NA.M.A.) propuso el establecimiento de una reserva marina Parque Nacional Bocas del Toro.
Durante 1988, un programa educativo fue efectuado entre la población de la provincia de Changuinola, especialmente a nivel de las escuelas secundarias (Mou Sue et al. 1990).
Puerto Rico
Estado y distribución
En el mes de agosto de 1976, y casi todos los meses entre junio de 1978 y marzo de 1979, se hicieron reconocimientos aéreos completos conjuntamente con entrevistas a los residentes costeros. La distribución de manatíes en Puerto Rico es desigual, con la mayor parte de manatíes vistos a lo largo de las áreas protegidas de las costas sureña y nordeste. Aproximadamente un tercio de los registros ocurrieron en el área de la Estación Naval Carretera Roosevelt (RRNS) (Powell et al. 1981, Rathbun et al. 1985). En segundo lugar, en frecuencia de los registros está la Bahía de Jobos, en Guayama y áreas tales como la Guayanilla, la Bahía Montalva, Joyuda, Cabo Rojo, Guanajibo, Toa Baja, Ocean Park, en tercer lugar de importancia, están Loiza y Río Grande. En los alrededores de RRNS, la mitad de los registros ocurrieron al oeste de Isla Cabras (especialmente la Cueva Pelican y la Ensenada Honda), un cuarto de los registros ocurrieron en el área noroeste de Isla Vieques (Rathbun et al. 1985). Similitudes entre los resultados de estudios de reconocimiento aéreo, indicaron que la población de manatíes en Puerto Rico, por lo menos no está declinando, (Lefebvre et al. 1989). Los conteos más altos fueron 51 en el primer reconocimiento y 62 en el segundo; con número promedios de 22.6 y 43.6 y con porcentajes de crías de 6.4% y 7.6% respectivamente (Powell et al. 1981, Rathbun et al. 1985). Setenta y cuatro (74) fueron vistos en el último reconocimiento en 1993 (Carr, información no publicada).
Amenazas principales y problemas de la conservación
En los últimos 17 años, en Puerto Rico se informa hasta 8 muertes de manatí por año, (excluyendo las capturas para la carne). Las capturas directas representan la mayor causa de mortalidad entre la población de manatíes (25.3%, seguido por las muertes relacionadas con la navegación y los deportes acuáticos, incluyendo los skis jet (18%) y el enredo incidental en las redes (7.4%) (Mignucci et al. 1993). Algunos manatíes pueden quedar atrapados como resultado de las redes extendidas intencionalmente para cazarlos, al igual que para cazar a las tortugas marinas; estos animales a menudo son sacrificados después de haber sido atrapado en las redes (Powell et al. 1981, Rathbun et al. 1985).
Legislación nacional y medidas de conservación
Los manatíes en Puerto Rico reciben protección de varias leyes de la Comunidad de Puerto Rico (Ley de Pesca del Estado Libre Asociado de 1936, Ley de Vida Silvestre de 1976 y el Reglamento de Gestión de las Especies Vulnerables y en Peligro de Extinción de Puerto Rico de 1985), y el Decreto de los Estados Unidos para la Protección de los Mamíferos Marinos y Decreto de las Especies en Peligro de Extinción (Lefebvre et al. 1989, Mignucci-Giannonni, 1989). Esos animales que utilizan la Estación Naval de la Carretara Roselvet y la Reserva Nacional Jobanes para la Investigación Estuarina, están parcialmente protegidos por las restricciones impuestas por las agencias federales (Rathbun y Possardt 1986). Los Estados Unidos de Norteamérica (que incluye Puerto Rico), es Parte del Convenio CITES desde 1975 y signatario del Protocolo SPAW.
Un plan de recuperación para la población de manatíes de Puerto Rico ha sido preparado (Rathbun y Possardt 1986) con la finalidad de rescatar y de rebajar su condición de "especie en peligro de extinción" a "amenazada". Este plan que describe una serie de recomendaciones en las áreas de investigación, conservación e imposición de las leyes, apenas empieza a ser implementado. La Red Caribeña de Varamientos o RCV, coordina el rescate y rehabilitación de animales huérfanos y heridos y recupera los animales muertos en Puerto Rico y en la región del Caribe. La RCV también es muy activa en la educación ambiental y auspicia charlas y actividades ecológicas relacionadas con la conservación de las tortugas y los mamíferos marinos. En el mes de abril de 1992, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre inició un estudio de factibilidad para la localización por radio de los manatíes en Puerto Rico. Hasta la fecha, 6 manatíes han sido capturados en RRNS y puestos en libertad con transmisores de radio con monitoreo por satélite.
Suriname
Estado y distribución
En un país que se conocía por su gran número de manatíes, la especie ha disminuido hasta el punto de ser considerada como una de las especies en mayor peligro de extinción. La disminución mayor ocurrió entre 1700 y 1940 cuando los Europeos explotaban la carne de manatí, los cueros y la grasa (Duplaix y Reichart 1978). No existe información reciente sobre la distribución de los manatíes pero algunos estudios realizados en la última parte de los años 70, registraron manatíes en los ríos y riachuelos hasta 60 kms tierra adentro: en el Corantijn y sus tributarios, el Arroyo Nanni; Nickerie y sus tributarios, el Río Maratakka y el arroyo Paraíso; Coppename y los tributarios, los Ríos Coesewijne, Wayombo y Tibiti; el Río Commewijne, con su tributario arroyo Cassewenica; el Río Cottica con sus tributarios Río Perica y los riachuelos Koopmans y Barbakoeba; los arroyos Wanecreek, Marowijne, y Tapoeripacreek; y los Ríos Saramacca y Suriname (Duplaix y Reichart 1978). Los números más altos de manatíes han sido observados en el Arroyo Nanni, Coesewijne, Tibiti y Cottica pueden ser parciales debido a lo angosto de estos cuerpos de agua (Duplaix y Reichart 1978, Husson 1978). Nunca ha sido visto el manatí, en el mar abierto (Husson 1978).
Duplaix y Reichart (1978), hicieron el intento de calcular la población durante reconocimientos aéreos sobre los principales sistemas de ríos, pero tuvieron que desistir por la turbidez del agua y la cubierta de vegetación. Con un cuestionario utilizado con 89 residentes locales, se obtuvieron mejores resultados; este cuestionario incluía registros y evidencia secundaria de la presencia de manatíes. Sin embargo, algunas secciones de los entrevistados dieron resultados contradictorios; algunos pensaban que la reducción en la cacería ha permitido que los manatíes aumenten en números; los Amer